Linda Linda Linda, de Nobuhiro Yamashita
“I want to be beautiful because there is a beauty
that can’t be photographed.”
«Quiero
ser hermosa porque hay una belleza que no puede ser fotografiada» cantaban los
japoneses Blue Hearts en su canción “Linda linda linda”, y también nuestras
amigas protagonistas en la película que lleva su mismo título. Las llamo amigas
porque durante los 114 minutos que dura el film, las cinco veces que lo vi, esa
fue siempre mi sensación. Era como si yo estuviera ahí, como si las cuatro
chicas fueran mis amigas, sin importar que hablaran otro idioma o que la
historia se desarrollara en otro continente. Me acuerdo que la primera vez que
la puse era una tarde de esas en las que el cielo se pone raro antes de que
baje el sol. Y desde el principio tuve esa sensación que pocas veces se tiene
de entrada; no quería que se terminara nunca, no quería dejar de estar inmersa
en ese universo ni dejar de sentirme la quinta integrante de las Paran Maum.
Japón,
clima de preparación para el festival de la escuela, cuatro chicas; tres
japonesas y una coreana del programa de intercambio que apenas habla el idioma,
un bajo, una guitarra, una batería y una voz. Y esta canción, en japonés, que
la tímida Son se desafía a cantar.
En
el inicio, unos chicos filman, a modo de comercial para el festival, a una joven
monologando algo más o menos parecido a lo siguiente: No permitamos que nos
digan que ya es momento de crecer y abandonar los sueños de la juventud (como
si crecer y dejar de lado los sueños que veníamos construyendo fueran
sinónimos). Y desde que las chicas están en el estudio en busca de inspiración
para decidir qué tocar en dicho festival y suena por primera vez “Linda linda
linda”, todo esto adquiere significado de alguna forma. Tal vez no en lo
concreto, sino más en el plano de lo sensible. Marcela Ojeda escribe y yo cito:
“(…) queda claro desde el inicio que Linda
linda linda, más que problematizar un lenguaje, busca explorar una
sensibilidad” (El Amante, mayo del 2006). Y es exactamente eso. La película te
permite sumergirte y nadar en un mar de sensaciones adolescentes y sobre todo,
con gusto a conocido.
“Te
amo” le confiesa crudamente un extraño y desconocido chico a Son, nuestra
cantante, y ella simplemente le responde que no le desagrada, pero que tampoco
le gusta. Eso es ser adolescente. Pueden experimentarse sentimientos
incontenibles hacia alguien y que esa persona apenas sepa de tu existencia, o tal
vez ni siquiera. O podés estar esperando con unas ganas desenfrenadas algo,
unas ganas que van a toda velocidad, tan rápido que se pasan de rosca… y
entonces comienza a sonar un celular, una se despierta con esa sensación de no
saber ni dónde está, ni qué hora es, ni quién es ella misma. Y de la nada se da
cuenta, despierta a las otras y salen corriendo, y… ¡llueve mucho, y se olvidan
un instrumento y una se cae al piso y…! En fin, si no es este el verdadero
“Teen spirit” entonces... qué sé yo. Y volviendo al chico que confiesa su amor
platónico, dice la letra “If I ever meet you and we talk together, I hope you
realized the meaning of love. Even if it wasn’t love, even if it wasn’t affect,
I won’t let you go” («Si alguna vez nos encontramos y hablamos, espero que te
des cuenta del significado del amor. Incluso si no fuera amor, incluso si no
fuera afecto, no te dejaré ir»). Es que escuchar una canción (o ver una
película) y sentir que expresa exactamente lo que sentís te hace conectar sin
vueltas. Y todos nos sentimos adolescentes (o con suerte aún lo somos) cuando
ponemos esa canción y la cantamos a todo lo que da.
Ser
adolescente significa muchas cosas; tal vez principalmente escuela, amigos,
amor, gustos y pasiones (o la falta de alguno, o de todos), pero tal vez estas cuestiones
sean las más universales. Y todas están presentes en la película de alguna
forma, por eso es que es tan fácil conectar(se).
La
noche anterior al festival, Son se para en el escenario y hace de cuenta que
todo está sucediendo en ese momento. Le habla al público vacío haciendo una
mínima descripción de cada una de las integrantes a modo de introducción, antes
de comenzar a tocar. Pero luego el día llega y las cosas se desarrollan de otra
forma. De todas maneras, las Paran Maum no necesitan casi presentación. Ni como
banda, ni como personas individuales. En realidad no hay casi ningún prólogo a
sus vidas y sus personalidades, en el sentido de que no hay un inicio en el que
se nos muestre ni sus pensamientos, ni con quiénes o cómo viven, qué les gusta
hacer, etc. Nobuhiro Yamashita, su entonces joven director, hace que
nosotros, espectadores, nos sambullamos de una en ese mar de sensaciones, sin
preguntarnos antes si sabemos nadar (y al final de esto se trata la vida, ¿no?).
Pero una vez que estamos dentro, simplemente nos dejamos llevar por la corriente.
Cada chica es un mundo distinto, y ese mundo ni siquiera necesita una
construcción explícita, la película sencillamente no lo muestra, pero existe y
nosotros lo sabemos. Y esos cuatro mundos desembocan en uno solo; y este se
siente húmedo, con gusto a nervios y con mucha gente mirando pero sobre todo dentro
de él siempre suena de fondo “Linda linda lindaaaaaaa!”.
Recuadro:
¿Por qué será que el crecer suele venir acompañado del añoro de la época
anterior? Y hasta llegamos a añorar los problemas de esa etapa que dejamos
atrás, simplemente porque a la
distancia todo se ve más chiquito, y cuanto más lejos estemos, más
pequeños parecen haber sido. Pero por suerte existen películas cuyo deber moral
no es mostrarnos lo horroroso de las guerras, ni
las grandes crisis nacionales, ni las injusticias sociales, sino el de
universalizar los problemas de los niños y de los jóvenes. De esta forma
podríamos educar a todos los adultos en el mundo que le agregan comillas a los
problemas sólo porque quienes los experimentan tienen menos de dieciocho años. Linda linda linda podría entrar en esta
selección educativa.
Hace un tiempo tuve el gusto de ver Anina,
una película uruguaya de animación sobre una nena llamada Anina Yatay Salas.
Ella sufre porque su nombre es capicúa y todos en la escuela la molestan. Y
claro, tal vez nos parezca una tontería, pero está bien, es solo que estamos
creciendo…

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