lunes, 3 de junio de 2013

TP Final: Las chicas de los corazones azules, por Sonia Glas (Turno Mañana)


Linda Linda Linda, de Nobuhiro Yamashita

“I want to be beautiful because there is a beauty that can’t be photographed.
«Quiero ser hermosa porque hay una belleza que no puede ser fotografiada» cantaban los japoneses Blue Hearts en su canción “Linda linda linda”, y también nuestras amigas protagonistas en la película que lleva su mismo título. Las llamo amigas porque durante los 114 minutos que dura el film, las cinco veces que lo vi, esa fue siempre mi sensación. Era como si yo estuviera ahí, como si las cuatro chicas fueran mis amigas, sin importar que hablaran otro idioma o que la historia se desarrollara en otro continente. Me acuerdo que la primera vez que la puse era una tarde de esas en las que el cielo se pone raro antes de que baje el sol. Y desde el principio tuve esa sensación que pocas veces se tiene de entrada; no quería que se terminara nunca, no quería dejar de estar inmersa en ese universo ni dejar de sentirme la quinta integrante de las Paran Maum.


Japón, clima de preparación para el festival de la escuela, cuatro chicas; tres japonesas y una coreana del programa de intercambio que apenas habla el idioma, un bajo, una guitarra, una batería y una voz. Y esta canción, en japonés, que la tímida Son se desafía a cantar.
En el inicio, unos chicos filman, a modo de comercial para el festival, a una joven monologando algo más o menos parecido a lo siguiente: No permitamos que nos digan que ya es momento de crecer y abandonar los sueños de la juventud (como si crecer y dejar de lado los sueños que veníamos construyendo fueran sinónimos). Y desde que las chicas están en el estudio en busca de inspiración para decidir qué tocar en dicho festival y suena por primera vez “Linda linda linda”, todo esto adquiere significado de alguna forma. Tal vez no en lo concreto, sino más en el plano de lo sensible. Marcela Ojeda escribe y yo cito: “(…) queda claro desde el inicio que Linda linda linda, más que problematizar un lenguaje, busca explorar una sensibilidad” (El Amante, mayo del 2006). Y es exactamente eso. La película te permite sumergirte y nadar en un mar de sensaciones adolescentes y sobre todo, con gusto a conocido.

“Te amo” le confiesa crudamente un extraño y desconocido chico a Son, nuestra cantante, y ella simplemente le responde que no le desagrada, pero que tampoco le gusta. Eso es ser adolescente. Pueden experimentarse sentimientos incontenibles hacia alguien y que esa persona apenas sepa de tu existencia, o tal vez ni siquiera. O podés estar esperando con unas ganas desenfrenadas algo, unas ganas que van a toda velocidad, tan rápido que se pasan de rosca… y entonces comienza a sonar un celular, una se despierta con esa sensación de no saber ni dónde está, ni qué hora es, ni quién es ella misma. Y de la nada se da cuenta, despierta a las otras y salen corriendo, y… ¡llueve mucho, y se olvidan un instrumento y una se cae al piso y…! En fin, si no es este el verdadero “Teen spirit” entonces... qué sé yo. Y volviendo al chico que confiesa su amor platónico, dice la letra “If I ever meet you and we talk together, I hope you realized the meaning of love. Even if it wasn’t love, even if it wasn’t affect, I won’t let you go” («Si alguna vez nos encontramos y hablamos, espero que te des cuenta del significado del amor. Incluso si no fuera amor, incluso si no fuera afecto, no te dejaré ir»). Es que escuchar una canción (o ver una película) y sentir que expresa exactamente lo que sentís te hace conectar sin vueltas. Y todos nos sentimos adolescentes (o con suerte aún lo somos) cuando ponemos esa canción y la cantamos a todo lo que da.
Ser adolescente significa muchas cosas; tal vez principalmente escuela, amigos, amor, gustos y pasiones (o la falta de alguno, o de todos), pero tal vez estas cuestiones sean las más universales. Y todas están presentes en la película de alguna forma, por eso es que es tan fácil conectar(se).


La noche anterior al festival, Son se para en el escenario y hace de cuenta que todo está sucediendo en ese momento. Le habla al público vacío haciendo una mínima descripción de cada una de las integrantes a modo de introducción, antes de comenzar a tocar. Pero luego el día llega y las cosas se desarrollan de otra forma. De todas maneras, las Paran Maum no necesitan casi presentación. Ni como banda, ni como personas individuales. En realidad no hay casi ningún prólogo a sus vidas y sus personalidades, en el sentido de que no hay un inicio en el que se nos muestre ni sus pensamientos, ni con quiénes o cómo viven, qué les gusta hacer, etc. Nobuhiro Yamashita, su entonces joven director, hace que nosotros, espectadores, nos sambullamos de una en ese mar de sensaciones, sin preguntarnos antes si sabemos nadar (y al final de esto se trata la vida, ¿no?). Pero una vez que estamos dentro, simplemente nos dejamos llevar por la corriente. Cada chica es un mundo distinto, y ese mundo ni siquiera necesita una construcción explícita, la película sencillamente no lo muestra, pero existe y nosotros lo sabemos. Y esos cuatro mundos desembocan en uno solo; y este se siente húmedo, con gusto a nervios y con mucha gente mirando pero sobre todo dentro de él siempre suena de fondo “Linda linda lindaaaaaaa!”.

Recuadro

¿Por qué será que el crecer suele venir acompañado del añoro de la época anterior? Y hasta llegamos a añorar los problemas de esa etapa que dejamos atrás, simplemente porque a la
distancia todo se ve más chiquito, y cuanto más lejos estemos, más pequeños parecen haber sido. Pero por suerte existen películas cuyo deber moral no es mostrarnos lo horroroso de las guerras, ni


las grandes crisis nacionales, ni las injusticias sociales, sino el de universalizar los problemas de los niños y de los jóvenes. De esta forma podríamos educar a todos los adultos en el mundo que le agregan comillas a los problemas sólo porque quienes los experimentan tienen menos de dieciocho años. Linda linda linda podría entrar en esta selección educativa.
Hace un tiempo tuve el gusto de ver Anina, una película uruguaya de animación sobre una nena llamada Anina Yatay Salas. Ella sufre porque su nombre es capicúa y todos en la escuela la molestan. Y claro, tal vez nos parezca una tontería, pero está bien, es solo que estamos creciendo…

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