miércoles, 5 de junio de 2013

TP Final: Romero: el señor de los zombies nunca muere, por Eugenia Lelli (Turno Noche)



“Más paranoicas se ponen las sociedades,
más éxito tienen las historias de zombies”

Mucho se ha visto de los zombies hoy en día. Invaden y se expanden por nuestras televisiones y salas tal cómo hace el virus que les devuelve la vida. Pero antes no era así. Desde la llegada de George A. Romero al séptimo arte, el género se revolucionó. Con él llegó el nacimiento de un nuevo monstruo del cine que antes se ocultaba en las penumbras de las películas clase B: trajo el Apocalipsis Zombie.
            Bastamente se puede hablar de la obra de Romero. Todos sus trabajos exponen un mundo sumido en un holocausto donde los muertos se levantan para comerse a los vivos y donde no puede haber un final feliz.  Por primera vez se enseñaba la sangre y entrañas de forma gráfica y explícita; a los zombies se les ve arrancando carne humana de los huesos y saboreando su sangre. La búsqueda de cerebros ya no era el objetivo de estos seres de ultratumba. Cualquier bracito o abdomen les cae bien.
            Pero el logro de este director no se centra sólo en esta distinción que cambió la historia o en los efectos novedosos utilizados para lograr que al espectador se le paren los pelos de punta. En todos sus films,  Romero ofrece una crítica sobre varios aspectos de la sociedad contemporánea.
En La noche de los muertos vivientes (1968) el director inicia su largo camino por la tierra de los muertos reflejando los hechos de la sociedad norteamericana de los años ´60, desde el periodo de la Guerra de Vietnam  hasta el ferviente racismo en que estaba sumida la sociedad yanqui. El hecho de que el protagonista fuera negro y acabe con un disparo en la cabeza realza este suceso sumado a que impregna a su narración de una clara metáfora: los zombies son el fiel reflejo de la propia sociedad que devora y mata todo.
Esta interesante y genial producción de bajo presupuesto logró incrementar el realismo claustrofóbico de lo aparente y encauzar el mecanismo interno necesario para que el espectador sintiese la ilusoria cotidianeidad del terror y el despertar del miedo.
Pero para Romero los villanos en sus películas “son siempre los vivos, no los muertos”.  Tal lo deja entrever años más tarde en su película de 2005, Land of the Dead. En ésta, se pone énfasis en las diferencias de clases. La élite rica vive dichosamente indulgente en el rascacielos, mientras que las masas de clase baja sobreviven entre las alcantarillas, en condiciones terribles.
El film está repleto de alusiones al estilo de vida en EEUU. En una escena, se muestra una jaula de aves en el recinto de los ricos. Aquí se representa a la gente de la ciudad, al parecer protegida pero que realmente se encuentra presa del mundo exterior. Más adelante, durante el ataque de los zombis contra el lugar, se revela que los pájaros dentro de la jaula son mecánicos, plasmando la naturaleza artificial de la vida dentro una comunidad tan cerrada.
El villano de la película, personificado a la perfección por Dennis Hopper, utiliza los vicios tales como el juego, prostitución, alcohol, drogas y luchas de gladiadores contra los muertos para distraer de sus vidas desgraciadas a la clase más baja. He aquí el concepto del "pan y circo" utilizado durante el Imperio romano. Este sádico líder de la sociedad resistente al mundo apocalíptico, gobierna en gran parte a través del miedo. Se refiere a los zombis utilizando de forma despectiva el término "podridos” y hacia el final del film declara que “no negocia con terroristas”, clara alusión a  las frecuentes declaraciones del presidente de EE.UU., George W. Bush, sobre el terrorismo y la invasión a Irak.
En varias escenas, los ricos parecen estar preocupados con los teléfonos móviles y se frustran cuando no pueden conseguir señales. Esto demuestra la desconexión entre ese ocioso mundo y el mundo real: incluso frente a las hordas de los muertos vivientes, están preocupados por la pérdida de la señal. Los personajes de Romero exhiben una clara dependencia hacia el dinero, a pesar de que el derrumbamiento del país y de la economía mundial haría del dinero un bien sin valor, especialmente fuera de las áreas controladas por humanos.
Los zombis se enajenan totalmente por los fuegos artificiales lanzados al cielo durante la noche. Sin embargo, eventualmente aprenden a no ser distraídos por las luces y llegan a ser inmunes a ellas. Romero aquí se refiere a la gran campaña sensacionalista del gobierno estadounidense durante la guerra con Irak en la que las masas, al principio encantadas con “los logros de las fuerzas armadas”, lograron ver la realidad de lo que realizaba el gobierno en este país.
La conclusión tiene un trasfondo marxista: la idea de que los trabajadores se levanten contra los patrones toma forma en el final cuando los muertos comen a los ricos. El uso de las herramientas de trabajo (tales como martillos perforadores y llaves de tuercas) por parte de los zombies para entrar a la fortaleza humana, así como el personaje proletario de Big Daddy, es un claro ejemplo de esto.
En una escena se muestran un show de marionetas en una televisión hueca con una bandera americana clavada con tachuelas. La trama muestra una historia simplista de un ser humano inteligente que derrota a un “podrido”. Aquí esta implícita una crítica de los medios de comunicación, que adhieren a lo que los gobiernos quieren que las masas sepan.
Esto también se ve en la película de 2008, Diary of the Dead. Aquí, se ve cómo  los medios de comunicación son la fuerza vital de un mundo híper dependiente de las tecnologías y cómo la sociedad vive de la necesidad de mostrarlo todo por cualquier medio, a cualquier costo: cómo el hombre vive para ver pero no para ayudar. Es, principalmente, en el protagonista en el que cae esta función al obsesionarse con la idea de hacer un documental sobre lo que está ocurriendo. Esta actitud pone en peligro su vida y la de sus compañeros.
El director además critica la facilidad con que se puede informar utilizando la tecnología y cómo muchas veces esa información proviene desde una perspectiva o es simplemente una opinión que es tomada como real. “Los hombres están decididos a transmitir sus puntos de vistas. No se puede controlar”, dirá Romero a través de su película.
De esta forma, Romero no se limita sólo a contar la historia. Usa efectivamente la mitología zombie y recurre a los efectos visuales para hacer una justa- y particular- observación social en todos sus proyectos.



Recuadro

Inclusión en otros géneros y desastre total

Romero siempre estuvo inmerso en el cine de terror. Según palabras del director: “La fantasía es un medio para las metáforas [...] y dado que estoy atascado en este género, intento buscar nuevas formas de utilizarlo. Para al menos expresar alguna opinión o satirizar cosas y divertirme”. Aún así, encontró un espacio para escapar de los zombies y se embarcó en su segundo film: There's Always Vanilla de1971, un melodrama en la que un joven, a quien no le gusta la idea de tener un trabajo fijo, regresa a su ciudad natal en Pittsburgh. Allí conoce a una señora mayor que él y se acaba mudando a su casa. Ella tiene un trabajo estable en un canal de televisión local y, un día, descubre que se ha quedado embaraza y no sabe si contárselo, pues piensa que quizás él no esté preparado para ser padre.
La película tiene altibajos en cuanto a la historia y la actuación. Al igual que muchas de las primeras películas de Romero, este film critica la capitalización, pero sin tener el mismo efecto que en sus otras obras. El mismo Romero ha asumido que esta película es su peor producción  y se ha referido a esta como "un desastre total".





            

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