“Más paranoicas se
ponen las sociedades,
más éxito tienen
las historias de zombies”
Mucho se ha visto de los zombies hoy en día. Invaden y
se expanden por nuestras televisiones y salas tal cómo hace el virus que les
devuelve la vida. Pero antes no era así. Desde la llegada de George A. Romero
al séptimo arte, el género se revolucionó. Con él llegó el nacimiento de un
nuevo monstruo del cine que antes se ocultaba en las penumbras de las películas
clase B: trajo el Apocalipsis Zombie.
Bastamente se puede hablar de la
obra de Romero. Todos sus trabajos exponen un mundo sumido en un holocausto
donde los muertos se levantan para comerse a los vivos y donde no puede haber
un final feliz. Por primera vez se
enseñaba la sangre y entrañas de forma gráfica y explícita; a los zombies se
les ve arrancando carne humana de los huesos y saboreando su sangre. La
búsqueda de cerebros ya no era el objetivo de estos seres de ultratumba.
Cualquier bracito o abdomen les cae bien.
Pero el logro de este director no se
centra sólo en esta distinción que cambió la historia o en los efectos
novedosos utilizados para lograr que al espectador se le paren los pelos de
punta. En todos sus films, Romero ofrece
una crítica sobre varios aspectos de la sociedad contemporánea.
En La noche de los muertos vivientes (1968)
el director inicia su largo camino por la tierra de los muertos reflejando los
hechos de la sociedad norteamericana de los años ´60, desde el periodo de la Guerra de Vietnam hasta el ferviente racismo en que estaba
sumida la sociedad yanqui. El hecho de que el protagonista fuera negro y acabe
con un disparo en la cabeza realza este suceso sumado a que impregna a su
narración de una clara metáfora: los zombies son el fiel reflejo de la propia
sociedad que devora y mata todo.
Esta interesante y genial producción de bajo
presupuesto logró incrementar el realismo claustrofóbico de lo aparente y
encauzar el mecanismo interno necesario para que el espectador sintiese la
ilusoria cotidianeidad del terror y el despertar del miedo.
Pero para Romero los villanos en sus películas “son
siempre los vivos, no los muertos”. Tal
lo deja entrever años más tarde en su película de 2005, Land of the Dead. En
ésta, se pone énfasis en las diferencias de clases. La élite rica vive
dichosamente indulgente en el rascacielos, mientras que las masas de clase baja
sobreviven entre las alcantarillas, en condiciones terribles.
El film está repleto de alusiones al estilo de vida en
EEUU. En una escena, se muestra una jaula de aves en el recinto de los ricos.
Aquí se representa a la gente de la ciudad, al parecer protegida pero que
realmente se encuentra presa del mundo exterior. Más adelante, durante el
ataque de los zombis contra el lugar, se revela que los pájaros dentro de la
jaula son mecánicos, plasmando la naturaleza artificial de la vida dentro una
comunidad tan cerrada.
El villano de la película, personificado a la
perfección por Dennis Hopper, utiliza los vicios tales como el juego,
prostitución, alcohol, drogas y luchas de gladiadores contra los muertos para
distraer de sus vidas desgraciadas a la clase más baja. He aquí el concepto del
"pan y circo" utilizado durante el Imperio romano. Este sádico líder
de la sociedad resistente al mundo apocalíptico, gobierna en gran parte a
través del miedo. Se refiere a los zombis utilizando de forma despectiva el
término "podridos” y hacia el final del film declara que “no negocia con
terroristas”, clara alusión a las
frecuentes declaraciones del presidente de EE.UU., George W. Bush, sobre el
terrorismo y la invasión a Irak.
En varias escenas, los ricos parecen estar preocupados
con los teléfonos móviles y se frustran cuando no pueden conseguir señales.
Esto demuestra la desconexión entre ese ocioso mundo y el mundo real: incluso
frente a las hordas de los muertos vivientes, están preocupados por la pérdida
de la señal. Los personajes de Romero exhiben una clara dependencia hacia el
dinero, a pesar de que el derrumbamiento del país y de la economía mundial
haría del dinero un bien sin valor, especialmente fuera de las áreas
controladas por humanos.
Los zombis se enajenan totalmente por los fuegos
artificiales lanzados al cielo durante la noche. Sin embargo, eventualmente
aprenden a no ser distraídos por las luces y llegan a ser inmunes a ellas.
Romero aquí se refiere a la gran campaña sensacionalista del gobierno
estadounidense durante la guerra con Irak en la que las masas, al principio
encantadas con “los logros de las fuerzas armadas”, lograron ver la realidad de
lo que realizaba el gobierno en este país.
La conclusión tiene un trasfondo marxista: la idea de
que los trabajadores se levanten contra los patrones toma forma en el final
cuando los muertos comen a los ricos. El uso de las herramientas de trabajo
(tales como martillos perforadores y llaves de tuercas) por parte de los
zombies para entrar a la fortaleza humana, así como el personaje proletario de
Big Daddy, es un claro ejemplo de esto.
En una escena se muestran un show de marionetas en una
televisión hueca con una bandera americana clavada con tachuelas. La trama
muestra una historia simplista de un ser humano inteligente que derrota a un
“podrido”. Aquí esta implícita una crítica de los medios de comunicación, que
adhieren a lo que los gobiernos quieren que las masas sepan.
Esto
también se ve en la película de 2008, Diary of the Dead. Aquí, se ve
cómo los medios de comunicación son la
fuerza vital de un mundo híper dependiente de las tecnologías y cómo la
sociedad vive de la necesidad de mostrarlo todo por cualquier medio, a
cualquier costo: cómo el hombre vive para ver pero no para ayudar. Es,
principalmente, en el protagonista en el que cae esta función al obsesionarse
con la idea de hacer un documental sobre lo que está ocurriendo. Esta actitud
pone en peligro su vida y la de sus compañeros.
El director además critica la facilidad con que se
puede informar utilizando la tecnología y cómo muchas veces esa información
proviene desde una perspectiva o es simplemente una opinión que es tomada como
real. “Los hombres están decididos a transmitir sus puntos de vistas. No se
puede controlar”, dirá Romero a través de su película.
De esta forma, Romero no se limita sólo a contar la
historia. Usa efectivamente la mitología zombie y recurre a los efectos visuales
para hacer una justa- y particular- observación social en todos sus proyectos.
Recuadro
Inclusión
en otros géneros y desastre total
Romero siempre estuvo inmerso en el cine de terror.
Según palabras del director: “La fantasía es un medio para las metáforas [...]
y dado que estoy atascado en este género, intento buscar nuevas formas de
utilizarlo. Para al menos expresar alguna opinión o satirizar cosas y
divertirme”. Aún así, encontró un espacio para escapar de los zombies y se embarcó
en su segundo film: There's Always Vanilla de1971, un melodrama en la que un joven,
a quien no le gusta la idea de tener un trabajo fijo, regresa a su ciudad natal
en Pittsburgh. Allí conoce a una señora mayor que él y se acaba mudando a su
casa. Ella tiene un trabajo estable en un canal de televisión local y, un día,
descubre que se ha quedado embaraza y no sabe si contárselo, pues piensa que
quizás él no esté preparado para ser padre.
La película tiene altibajos en cuanto a la historia y
la actuación. Al igual que muchas de las primeras películas de Romero, este
film critica la capitalización, pero sin tener el mismo efecto que en sus otras
obras. El mismo Romero ha asumido que esta película es su peor producción y se ha referido a esta como "un desastre
total".

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