jueves, 23 de mayo de 2013

TP Debate: Entre Comillas, por Paula De Giacomi (Turno Mañana)


                               

A Favor (2): Los Amores Imaginarios

           Lo interesante de cualquier película o de cualquier obre de arte, es lo que nosotros proyectamos en ella. Desde este lugar, creo que mi mirada sobre Los amores imaginarios de Xavier Dolan esta puesta sobre los personajes principales que considero que son Marie y Francis (como se muestra en la foto elegida) y donde Nick queda para mí en un segundo lugar, de hecho es el personaje que luego será reemplazado por Louis Garrel en el final. Su función es la de tensar y provocar respuestas. Justamente el mensaje es que no importa el objeto de deseo, sino lo que a nosotros nos pasa ante estas circunstancias. Es por eso que en los geniales minutos que duró la película nunca intenté preguntarme de qué lado de las siete categorías, no cinco como describe Sonia, estaba Nick, porque lo que me importaba no era él, sino lo que se generaba a su alrededor, lo que nos generaba su presencia.

            El título es en sí una paradoja, no existen los amores imaginarios, el amor nunca es imaginario, es lo mas real y concreto que existe y todo lo demás es amor entre comillas. Como dice un personaje: “... supongo que estaba enamorada del avión, los cafés, el viento, su acento.... amas el concepto más que a él, amas la distancia”, y de este tipo de “amores” es de lo que nos habla Dolan en su película.

          Estoy de acuerdo que el amor es muy diferente a la obsesión y en este último caso esta palabra también tendría que tener comillas porque es mucho mas estricta de lo que se la usa comúnmente. Dolan habla sobre los sentimientos que genera en esa sensación que se confunde con el amor. Claro, a la distancia es fácil delimitar y definir emociones. ¿Pero en ese mismo momento en que lo estamos sintiendo, tenemos la mente tan lúcida como para darnos cuenta? Yo creo que no y Dolan pareciera decirnos que tampoco. Sólo la distancia, el tiempo y la pérdida nos hace saber que todo lo que creíamos no eran nada mas que idioteces, que a nuestra razón la habíamos dejado de lado para terminar convirtiéndonos en nenes peleándonos por el juguete tan preciado, y que probablemente lo íbamos a dejar a un costado una vez que hayamos ganado la competencia. Pero en este caso, ni Francis ni Marie la ganaron.

       Me animo a afirmar que no debe haber nadie que no haya pasado por alguna situación parecida, sin importar la edad, el género, la inclinación sexual, ni la época, y de ahí mi referencia a que hay cosas que perduran en el tiempo... Quizás los temas se repitan, pero el cómo son contados se sostiene con un director que sabe perfectamente donde poner sus dedos al momento de contar historias en las cuáles nos vamos a ver reflejados. Conozco varias mujeres de veinte y pico vestidas a la antigua, como Marie, que con las manos nerviosas no sabe como salir de una confesión ridícula y que se sienten “como una colegiala que experimenta su primer crash amoroso” como se describe en el texto, hasta podría enumerarlas pero no viene al caso.

     Quién sabe, quizás la vida sea como tan bien describe Sonia, un “espiral de desamores”, no lo sé, pero lo que sí es una repetición de “amores” sin sentido hasta que el espiral, por lo menos por un tiempo, se detiene.

TP Debate: Información como pregunta, y no como respuesta, por Pablo Martínez (Turno Mañana)

A Favor (2): La Cinta Blanca


              El extenso análisis de Luis Sidicaro sobre La cinta blanca, de Michael Haneke, resulta interesante, sobre todo porque con él compartimos la idea de que una película es una obra de arte que nos interpela como seres humanos. En eso estamos de acuerdo, pero no con su mirada sobre la película en cuestión.
No obstante, el fuerte cierre de su crítica, en el que refuerza una idea sobre el cine mediante un recuerdo ligado a su paternidad, me movilizó a tal punto de llegar a repensar mi concepción sobre cualquier otro film que no me haya gustado en algún momento. Si bien hay casos en particular en que dicho intento es en vano, simplemente porque existen directores infumables, en otros esa práctica es más que necesaria. Esto es lo que ocurre con Haneke y su cine, que para muchos significa una brecha claramente trazada por el autor con su posible público, como una forma de diferenciación, o tal vez una empatía que todavía no entendemos.

           Dicen por ahí que te puede gustar el cine de Haneke, pero no lo vas a entender por nada del mundo. Pero también dicen que, antes de intentar devorar su filmografía entera en busca de algún atisbo de línea autoral, es más fácil detestarlo por su austeridad narrativa o simplemente serle indiferente (como si eso fuera posible una vez que nos topamos con algo suyo). Lo cierto es que, al menos para mí, estas dos últimas concepciones ignoran toda posibilidad de conocer un cine que no se ve todos los días.

         Se pudo haber visto todo el cine de Haneke, pero no se lo va a entender. Porque él no pretende que se lo entienda. Ahora, ¿es posible llevarse bien con un señor que, en su constante trabajo artístico, pareciera trabajar muy duro por ser incomprendido? La respuesta a esa pregunta no la tenemos pero, como bien dice Sidicaro (o mejor dicho, su sabia hija Adriana), mejor preferir intentarlo.

       La mirada del espectador de cine se nutre de una cualidad básica de nuestra raza: la curiosidad. Gracias a eso conocimos todo lo que hoy utilizamos para valernos en este mundo. Con el cine y nuestras ganas de ver más y más, se consolidó un amor a primera vista (vaya si cabe este dicho acá) que persiste desde hace más de un siglo. Con el cine de Haneke, y perdón la digresión en este párrafo, pasa todo lo contrario. Porque el grado de información que imprime en sus guiones es tal que nuestra mente y nuestro corazón de cinéfilo se declaran la guerra fría después de un visionado, algo que no todos los días nos genera un realizador. Sólo eso me deja entender porque a Sidicaro no le gustó La cinta blanca.

        Su crítica al texto A los jóvenes de ayer tiene un cierre que me interpeló como ser humano, igual que el cine, pero como Haneke, tanta información me obligó a pensar si estoy de acuerdo con el análisis (y las varias fuentes que también contra-argumentaron mi postura) o si directamente no lo entendí bien. Curioso. 

La cinta blanca y Crítica a una crítica, se parecen bastante. Ahora es eso lo que no me deja entender por qué a Luis no le gustó la película.
La cinta blanca y su mencionada crítica en contra, manejan meta texto que defiendo totalmente. Lo intento comprender, porque en este caso, si tuviera más espacio, también apelaría a mucha información para defender una postura sobre un film que me intrigó y conmovió, pero a la vez me horrorizó y si se quiere hasta en cierto punto me traumó. En fin, nuevamente, me interpeló.
Haneke cuent mucho más con lo que no muestra, generando así miles de interrogantes, que con la información brindada en pantalla con todos sus recursos narrativos. Y ésa es la diferencia clave entre la visión de Sidicaro y la cinta de Haneke. Ambos acuden a muchísima información como un recurso. Con ella, este último busca generar preguntas, el otro, intenta responderlas. Por eso, finalmente, entiendo porque a Luis no le gusta La cinta blanca.


TP Debate: La Fiesta Inolvidable, por Juan E. Tranier (Turno Noche)


A Favor: The Rocky Horror Picture Show


Dir. Jim Sharman
USA, 85’, 1975

Coincido con mi amigo Franco en que The Rocky Horror Picture Show (a partir de ahora TRHPS) ha mutado de naturaleza, se ha reconfigurado o, mejor aún (y el termino que yo prefiero usar), se ha travestido. Pero lo que él supone como una pérdida de identidad o de un lugar “para crear un discurso de liberación homosexual” en detrimento de un espacio “para encerrarse en un tupper rosa (…) donde se tolera la homosexualidad porque es cool ser homosexual o freak” yo lo veo como una victoria.
Una victoria travestida, como corresponde a la naturaleza de este musical tan poco ortodoxo, irregular, exagerado y exacerbado.
Desde el momento de su estreno, en 1975, TRHPS se convirtió en una atracción poco común: invitaba a su audiencia a celebrar el acto de proyectar, ver y compartir una película en grupo, de participar activamente, de ocupar un rol y enfrentarse a sus miedos, preconceptos o prejuicios. El público llevaba pistolas de agua, arroz, globos y diversos props (elementos de utilería) que eran utilizados en varios momentos del film, generando un feedback pocas veces visto antes. Jugaba a ser una experiencia sensorial que hasta el mismísimo John Waters quiso imitar en Polyester (1981) y su odorama (que consistía en una serie de tarjetas o cartas que la audiencia debía raspar u oler en determinadas escenas). Pero lo curioso es que este ida y vuelta entre público y película se dio solo, no fue premeditado, entonces, podemos decir que no estamos ante una película que pide solamente ser mirada y analizada, sino que exige que uno se involucre, que no sea razonable y se comporte intuitivamente: don’t dream it, be it.
Por lo tanto, el ritual de medianoche en el MALBA no puede sino ser una continuación de aquellas prácticas simpáticas y, sí, liberadoras, como ocurría con The Song Remains The Same (Peter Clifton, 1976) y sus trasnoches de sábado en el cine Lara. Entonces, la victoria de TRHPS se da en el terreno de sus continuas repeticiones y de la celebración constante, que nunca fue del orden de un manifiesto sexual (venía incluido en el combo, es verdad, pero no era su eje principal) sino dentro de su propia lógica lúdica, juguetona.
Ahora, con respecto a sus definiciones acerca de cuál es el rol que una crítica o un análisis deberían ocupar, ya entraríamos en un terreno pantanoso, cuando no confuso o relativo. Franco dice: “(…) de no pensar el producto, su sentido, su origen, etc. se toma por sentado y se configura dentro de la cultura una nueva magia, rito o ritual”, ¿esto es necesariamente malo? ¿A toda obra hay que “re-estructurarla” o “darle forma”? ¿Y cuándo esto no pasa? Cuándo aparece una obra o un fenómeno (como TRHPS) que se escapa a las aprehensiones y a las interpretaciones, ¿qué hacemos? Desde la mirada de Franco parece que deberíamos escandalizarnos, porque entraríamos en “una suerte de percepción fascinada e irreflexiva”, pero ¿no son así todas las cosas que nos apasionan o que suscitan fervor? Se las puede entender y tratar de explicar, pero siempre habrá un componente que deje afuera al que no quiera entrar y dejarse llevar. Tampoco creo que el espectador promedio que vaya al MALBA sea un joven de clase media alta que juegue a ser gay-friendy o eco-friendly (bah, tal vez sí, no lo sé, pero no creo que sea un dato importante ya que la película nunca fue para las masas sino para un público especializado o de nicho), pero lo cierto es que ese es el único lugar donde se proyecta la película.
Así que, una vez más, la victoria travestida de TRHPS es mantener viva e intacta esa llama que clama por fiesta, que pide que levantemos los culos de las butacas, que cantemos acaloradamente y sin vergüenza todas aquellas canciones ridículas y que nos conectemos “desconectadamente” con esta obra visceral y magnética. Ser gay tal vez esté de moda, pero el espíritu de esta película permanece intacto.  





martes, 14 de mayo de 2013

TP Cortos: Los Perseguidores, por Hernán Cortés (Turno Noche).


     Casi quince años separan a Stray Dogs (1985), el corto de Richard Kern, con Coffe and TV (1999), el videoclip del grupo inglés Blur. A pesar de las diferencias estéticas y musicales, a ambos los une la persecusión. En el caso de Stray Dogs, un psicótico acompaña el recorrido de una pareja por las calles de Nueva York, sin que estos adviertan su presencia. Por el lado de Coffe and TV, el hijo de una típica familia inglesa se ha extraviado y, mientras los humanos del hogar (mamá, papá, hermana) se resignan a esperar, un cartón de leche sale a la búsqueda del vástago.

Esos años que transcurrieron entre un video y otro son claves en el desarrollo de las historias, ya que cada uno refleja una época determinada. Por un lado, una Nueva York filmada en blanco y negro, opresiva, lejana a emblemas como la Quinta Avenida y el Central Park. Acompaña aquel asedio un disonante ruido, cercano al disco Metal Machine Music de Lou Reed (un vecino célebre).

Mucho mas amable es la estética de Coffe and TV, a todo color, en sintonía con la Cool Britania de Tony Blair y el britpop. Tiempos en que tanto Blur como Oasis se sacaban los ojos por encabezar ese movimiento. La canción es un medio tiempo que acompaña agradablemente el periplo del cartón intentando encontrar a Graham Coxon, guitarrista de la banda encarnando al chico perdido.

Aunque los perseguidores den con sus objetivos, las historias se resuelven de distintas maneras. En Stray Dogs, el acosador finalmente aborda al hombre pero, contrariamente a lo que se pueda suponer, termina departiendo amablemente con él. Menos suerte tuvo el cartón, que si bien localiza a Coxón en pleno ensayo, termina bajo las ruedas de un camión.

TP Debate: A propósito de la Cinta Blanca, por Luis Sidicaro (Turno Mañana).





En Contra: La Cinta Blanca


     No deja de ser dificil y bastante forzado criticar una critica –en este caso la de Pablo-, con la que a grandes rasgos podría coincidir.
Sin embargo este ejercicio de “criticar una critica” requiere hacerlo.
Cual fue mi impresión personal de la película?
La pelicula me produjo una sensación de agobio y recargo:recargo por tortuosidad de los personajes, por la perversion de las relaciones interpersonales, por lo siniestro de toda la situacion social descripta.
Todo estaba bien, pero todo estaba subrayado con negrita. Se podria decir que el blanco y negro de la fotografia oficiaba como un permanente subrayado del texto.

El film nos muestra a traves de una pequeña aldea austríaca, años antes del comienzo de la primera gerra mundial, las cultura de la violencia subterranea enraizada en Alemania y Austria.
Las relaciones de sumision-sometimiento son desplegadas a lo largo de toda la pelicula,no existe otra forma de relacion. Sumisión a Dios, al padre, al junker feudal, al hombre….Sumision economica, sexual, religiosa.. Sumision y violencia.
Violencia abierta y encubierta, como la de esos niños casi satánicos que redirigen, desplazan ,la propia agresión que les generó ser agredidos  hacia otros que no son los que ejercieron violencia sobre ellos.Y ellos la ejerceran contra otro, mas debiles que ellos, o haci otros a los que pudieron alegir en forma casi arbitraria.

Llevó muchos siglos hacer fermentar  esa sociedad. Y uno de sus productos fermentados fue el nazismo. Contra eso embiste Haneke: la primera guerra mundial se produjo en una sociedad donde , aún invisible y como un carcinoma soterrado, ya estaba lo que mas adelante ,en la vecina Alemania,Bergman llamaría “el huevo de la serpiente” ( la distancia entre el comienzo de la primera guerra y la situacion descripta por Bergman es de apenas 9 años).
Haneke denuncia a través de su pelicual la responsabilidad de Austria en sostener la ideologia nazi. No porque haya alguna alusion al tema-aun no habia aparecido el nazismo- sino porque esa sociedad machista, jerarquizada, sádica, era, potencialmente, una socia espiritual de Hitler.
¿Qué decir con respecto a la critica de Pablo? En tren de decir, apuntaría algunas imprecisiones.
La primera: “A los jóvenes de ayer”, dice el titulo de su critica. Podríamos decir que la película esta destinada a los jóvenes de hoy en Austria. Hoy, y no ayer, el 61% de la población joven dice que desearían un hombre fuerte en el gobierno y le dan posibilidades  electorales al neonazismo.
La segunda. Escribe Pablo: ”Y aquí juega un papel fundamental el símbolo de la cinta a la que hace alusión el titulo. Fueron estas las mismas que depues portaron los soldados nazis en su brazos, dibujadas con svásticas?”. Quienes llevaban el brazalete nazi pertenecían al partido nazi, los soldados no lo usaban y la svástica replicaba la bandera alemana de ese momento.
Además, la cinta blanca tiene como antecedente el blanco de la bandera austriaca, junto con rojo. El rojo tiene que ver con la sangre y el blanco con la pureza. ¿rojo-violencia por abajo y blanco-pureza en la superficie?

Finalmente.
Cuando sugerí a Pablo tomar esta película como tema para el ejercicio propuesto- tomar un film en el que a uno le haya gustado y al otro- lo hice recordando la sensación de que “La cinta blanca” no me había gustado.  Y no puedo dejar de recordar ahora que cuando mi hija era pequeña (hace ya muchos años) y fuimos al cine para ver una de esas películas de Disney donde la mitad de los chicos querría escaparse  de la sala le pregunté :”Adriana, te gustó la película?” ¡¡No!!, me contestó. “Preferirías no haber venido?” . “No…”, me dijo, “preferí verla”.
Y queda un tema para debates futuros: ¿qué significa que una obra de arte “guste”?


TP Debate: A los jóvenes de ayer, por Pablo Martinez (Turno Mañana).




A Favor: La Cinta Blanca


      "Miralos, miralos, están tramando algo / Pícaros, pícaros, quizás pretenden el poder", cantaba Charly García con Serú Girán allá en los ’80. Esa frase se me vino a la cabeza al ver al grupito de niños de La cinta blanca observar por la ventana, o caminar en grupo rumbo a la casa de la hija del accidentado doctor. Es que la tesis del austríaco Michael Haneke sostiene que aquella generación, atosigada por una idiosincrasia llena de religiosidad excesiva que no sostenía sus creencias de las puertas para adentro, fue la de niños que quizás después formaron enormes filas en una de las movilizaciones políticas más siniestras de todos los tiempos, que derivó en el Holocausto.

Y aquí juega un papel fundamental el símbolo de la cinta a la que hace alusión el título. ¿Fueron estas las mismas que después portaron los soldados nazis en sus brazos, dibujadas con las esvásticas? Haneke propone, pero como en todo su cine, no pide reducir la discusión a eso, sino que lleva su película a los lugares más sombríos por los que transita el ser humano. Como esos fuera de campo en los que nos deja imaginar lo que sucede, pero nos deja varados en aún más inquietud, también obliga a sus personajes a hundirse en la incertidumbre al encontrarse con puertas y ventanas cerradas, que ocultan los oscuros secretos de sus vecinos. “Nunca cerramos las ventanas en la aldea,” dice el narrador, un confundido y cansado profesor que, entrado en años, se quedó con la incógnita de aquellos extraños sucesos que atribularon esa aldea en los días previos al estallido de la Primera Guerra Mundial.

     Si bien la figura de un narrador en off suele usarse para simplificar ciertos modos de relato en un guión, en este caso resulta una decisión acertada, porque el protagonista de este cuento está tan confundido como lo puede estar el espectador, y juntos intentarán clarificar lo que no es más que un rejunte de rumores y hechos poco claros que resultan en ese rompecabezas que tanto ama Haneke intentar armar. Es un realizador distinto, porque con su cine no busca respuestas, sino que propone preguntas, y todo eso llena de muchísimo suspenso esta obra.

   Otra decisión estética importantísima, que va a la par de la elección del narrador y la falta de música extradiegética, es la fotografía en blanco y negro de Christian Berger. La misma no sólo establece los claros límites de la propuesta narrativa (cuesta mucho imaginar esta película en colores, sin que caiga en el abanico de ofertas visuales poco constructivas en las que suelen caer las obras de época que se realizan en Hollywood), sino que reafirma la austeridad con la que está contada la historia de una época donde no había grises, no había lugar para conjeturas disímiles… todo era así, blanco o negro.

  Finalmente, no hay que dejar de lado el título de la película: Das weisse band - Eine deutsche Kindergeschichte (cuya traducción sería La cinta blanca – una historia para niños alemanes). Claramente no es una película para niños alemanes, sino una película sobre niños alemanes. Esos que en pantalla repiten a plena luz del día los oscuros actos que realizan los adultos puertas adentro y en la noche, dejando así impregnado el ambiente de un mensaje de maldad y venganza, que quizás de grandes reafirmarían con el régimen que imperó en Alemania entre 1933 y 1945. La cinta blanca no es, entonces, una película para niños alemanes de hoy, sino para y sobre los niños (¿sólo alemanes?) de ayer. 

TP Debate: las obsesiones imaginarias o la vida es un espiral de desamores, por Sonia Glas (Turno Mañana)


       En Contra: Los Amores Imaginarios  

             Llegando a la mitad de la película, uno de los personajes que monologan sobre el amor define 5 categorías de elección sexual; heterosexual, predominantemente heterosexual con experiencias homosexuales, homosexual, predominantemente homosexual con experiencias heterosexuales y bisexual claro. Y OKAY, ya entendimos. El mundo es esto y no hay nada más allá, no existen otras inclinaciones posibles. Y durante los 101 minutos que dura Los amores imaginarios nos la vamos a pasar intentando encasillar al ¿intrigante? Nicolas en alguna. Nuestros personajes principales, Francis y Marie, van a hacer girar su vida en base a esta incertidumbre que los obsesiona.
“Los amores imaginarios” es un título, un nombre muy importante para darle a algo. Tener un amor imaginario es casi como resfriarse, excepto que puede resultar un poco más drástico.

“Fantasy love is much better than reality love. Never doing it is very exciting (…)”. “El amor de fantasía es mucho mejor que el amor real. Nunca hacerlo es muy excitante” escribió alguna vez Andy Warhol, y pienso que Xavier Dolan tuvo un poco esta premisa a la hora de idear y hacer su película. Pero como pasa con tantas otras cosas, algunas veces las buenas ideas se quedan en el camino. Comenzando porque “amor” y “obsesión” no son lo mismo.

Paula escribe que lo que le importa es el cómo, no el qué. Sin embargo si esto fuera así, tendría que poder vislumbrar el tremendo problema que aqueja el cómo de esta película. Porque la idea del trío amoroso con su centro en un personaje de inclinación sexual dudosa, resulta llamativa e intrigante en un principio…

En el inicio del film podemos ver a Francis y Marie comprando ropa y hablando de su primera impresión sobre Nicolas. Ambos parecen coincidir en que no es su tipo. El resto de la historia es muy sencilla. La constante competencia caprichosa entre dos orgullosos amigos que no se atreven a demostrar su sentimiento hacia este chico (y supuesto “no tipo”). Paula bien dice que este resulta no ser “más que un simple niño mantenido, snob, frío e histérico”, pero nosotros esto ya lo sabemos desde un principio, y luego sus acciones no son más que una constante comprobación. Entonces es a partir de su concisa descripción que llego al punto en que me pregunto (y le pregunto a ella, y a cualquiera en realidad) ¿cómo tragarse un enamoramiento tan superficial? ¿Cómo creerse por ejemplo la desesperación de la joven de 25 años, que se viste como mi mamá, al no poder encender su cigarrillo? ¿Cómo? ¿Esto es amor? Porque si así lo considera entonces para ella el amor fácilmente puede resultar banal y vacío.

Como una colegiala que experimenta su primer crash amoroso, Marie le cuenta muy consternada a su peluquera sobre este “amor de su vida”, irremplazable e inalcanzable. Francis confiesa todo cara a cara con aún una pisca de esperanza. Luego, algunos años más tarde se ven nuevamente en la misma situación en la que todo comenzó. Una fiesta inundada de humo de cigarrillo y un chico en pose pretenciosa con gorro de lana que despide de su boca elegantes bocanadas de humo. Y entendemos que todo vuelve a empezar y que ¿nada está perdido? No, claro que no, porque si después de todo esto seguimos considerando a Los amores imaginarios una película de amor, entonces ya hemos descifrado el profundo y significativo mensaje. La vida es un espiral de desamores.

TP Debate: Repeticiones, por Paula De Giacomi (Turno Mañana)



A Favor: Los Amores Imaginarios
         
         No creo que existan temas que el cine no haya tratado y la triangularidad no es la excepción, pero considero que lo que hace a una película original no es el “qué”, sino el “cómo”.
El joven director Xavier Dolan es un mago capaz de mezclar en su segunda película Los amores imaginarios acordes de bandas como The Police, The Knife, con canciones como Bang Bang, cantada por Dalida en los años sesenta, o Bach y Wagner; mencionar a Audrey Hepburn, Blade Runner, Atracción Fatal, o Mr. Spock y lograr que nada desentone, que todo conviva en perfecta armonía.
“No es anacrónico, es vintage”, diría Marie, una de las protagonistas de esta película. Ella que tan bien se define como “una inteligencia que compensa unos ojos marrones”, o que asegura que “el cigarrillo la mantiene viva, hasta que muera”. Marie lleva vestidos ajustados, collares de perlas, zapatos dorados y regala sombreros, pero por sobre toda las cosas, nunca pierde su sarcasmo. Otro vértice de este triángulo es Francis un elegante y tímido gay, portador de un peinado a lo James Dean, quien va marcando sus conquistas en la pared de su baño como un preso que cuenta los días que le quedan de encierro. Y el tercero, el que tensa los otros dos extremos, es Nick, aquel personaje que vemos por primera vez fumando, revolviendo su pelo y sonriendo como si fuera el centro del universo. ¿Pero quién no se fascinó alguna vez por unos rulos despeinados y una larga bocanada de cigarrillo? Francis y Marie lo hicieron, y yo también. Pero este Adonis tan bien tallado, resulta que no es mas que un simple niño mantenido, snob, frío e histérico.
Al comienzo de la película vemos a varios personajes (al mejor estilo Woody Allen) contándonos historias de llegadas tardes, de mails no respondidos, de citas frustradas, de abandonos, con interesantes conceptos tirados a la ligera, pero que no por eso nos evitan un sabor amargo y por sobre todas las cosas, conocido. Dolan apela a la empatía, sí y funciona.
Su relato es impecable: las tonalidades, la música, el vestuario, los sutiles detalles, los escenarios, la cámara lenta, la puesta en serie, todo esta donde debe estar, creando una continuidad más allá del tiempo, porque hay cosas que perduran como las grandes estrelles de cine, como el ritmo de una canción pegadiza, como un mueble bien diseñado, como el (des) amor.
Cada uno de nosotros elegirá donde situarse, mientras que la historia oscila entre la mirada de Marie y la de Francis, amigos inseparables hasta que los celos los llevan a terminar literalmente a los golpes, o dándose puñaladas de palabras filosas cada vez que pueden.
Pero el triángulo se rompe cuando dos de sus extremos deciden contar su verdad de manera torpe, tímida y angustiante, para que el personaje de perfil griego (Nick) lo único que haga sea seguir mirándose su propio ombligo sin el menor registro de lo que sucede a su alrededor. Y es en ese instante donde tuve ganas de pegarle en la cara tan fuerte hasta deformarle sus perfectas facciones, es que me fue imposible no tomar partido. Y vemos bajar a Francis la escalera oscura con un silencio de fondo y las nerviosas manos de Marie intentando buscar un encendedor que le salve la vida, y nos vemos a nosotros mismos.
Pero así son las cosas y como dice alguien en la película, “el rechazo es duro pero se acaba, es como una guillotina, pero la espera es como una negativa interminable”.
A pesar de esto hay situaciones que inevitablemente se repiten y al final parece que volvemos al principio, sólo que ahora nos quedamos Marie, Francis y yo, fascinados por el personaje interpretado por Louis Garrel, que aparece unos pocos segundos sin decir una palabra, que le queda tan bien le queda el humo saliendo de su boca...

TP Debate: “Ser gay está de moda”, por Franco C. Orocu (Turno mañana)





En Contra: The Rocky Horror Picture Show

Criticar, o crear un metalenguaje de una obra cinematográfica es algo necesario. Se debe deshacer una obra para poder re-estructurarla, darle forma y ascenderla al plano de la artificialidad.
El análisis, evita que al ponerse en circulación se cristalice o naturalice el sentido, convirtiéndose en un discurso cotidiano auto-justificado, como las verdades universales o las máximas.
De no pensar el producto, su sentido, su origen, etc. Se toma por sentado y, se configura dentro de la cultura una nueva magia, rito o ritual. Algo que forma parte del núcleo de supersticiones sobre el cual la actualidad se constituye.
Si no se piensa la película, como espectador se entra en una suerte de percepción fascinada e irreflexiva, que tiene que ver con lo inexplicable, lo irracional o sobrenatural.
Por este motivo, creo que es el culto a Rocky Horror Picture Show, el ritual de “Viernes a la media noche en El Malba”, más que la película en sí, lo que me causa disgusto.
Lo anterior no quiere decir que no me resulte, al igual que desagradable, intrigante, el rito “a las 00h00 Rocky en el Malba”, después de 38 años de su estreno.
Por otra parte, es de igual manera interesante, el mecanismo por el cual, el cine y las modas pueden cambiar el paradigma de valor de las cosas y hacerlas pasar de un polo del eje semántico al opuesto.
Ejemplo de lo anterior es que hoy esté de moda ser gay, eco-friendly y tomar agua embotellada. Claro está, lo es para una minoría en un ambiente de grandes ciudades, de clase media, clase media alta. No obstante, como es moda para un grupo, por esta cuestión simplificadora de la postmodernidad, la gente se engancha sin ningún tipo de reflexión.
De esta manera, Rocky Horror, con el pasar del tiempo perdió su contenido y sólo quedó su estética del kitsch-gay cristalizada en forma de culto. Cuyos seguidores, según me han contado, en la boda, antes que Brad Major y Janet Weiss se comprometan, tiran arroz en el cine, o imitan la noche lluviosa con pistolitas de agua, mientras otros se cubren con un periódico su cabeza.
Ahora el film, es un objeto de mercado, una marca, una verdad ex nihilo, que además define a cierto grupo. Es este comportamiento (propio de adolescente confundido) de considerar que banalidades como una película, una banda de rock, un equipo de fútbol o una postura política, te definen como persona, el comportamiento que me desagrada y a la vez entristece. Tanto por las perdidas mentes de freakies y hipsters andróginos con problemas existenciales, como por la película.
Porque aquello del discurso de la película, de la lucha homosexual por la diferencia, de reivindicar algo, no sólo se ha pedido, sino que ha cambiado de polo.
Hay algo en el film de querer aceptar la diferencia y no anularla. Como cuando el doctor travesti Frank-en-Furter se disfraza para tener relaciones sexuales tanto con Janet, como con Brad, quienes descubren su identidad y a pesar de ello, hacen el amor con él. Aceptan la diferencia. Lo cual no sucede cuando un envase iguala a un grupo ante el mercado.
     Por otra parte, casi al final del film, antes de que escapen del castillo que parte hacia el Planeta Transexual, en la Galaxia de Transilvania, la escena de la orgía en la pileta, la utopía literalmente sádica, la verdadera igualdad de género donde somos todos sodomitas, obra en función de evidenciar la imposibilidad de sostener una igualdad al ser todos desiguales y la necesidad de hacernos cargo de nuestros criterios de discriminación, para aceptar la diferencia y lidiar con ella.
Rocky Horror entonces, ya no es un musical que se vale de procedimientos y elementos estereotípicos referentes al cine Clase B de terror (como principal ejemplo el producido por la RKO), para crear un discurso de liberación homosexual. Es un lugar y una hora para encerrarse en un Tupper rosa con letras rojas sangrientas, donde se tolera la homosexualidad porque “es cool ser homosexual o freaky” y no se acepta porque se naturalizó como tendencia.

martes, 7 de mayo de 2013

TP Cortos: Simple Realidad (por Eugenia Lelli, Turno Noche)


  "Lo que le interesa al público americano es el sexo, la violencia y el lado sórdido de la vida". Richard Kern mediados los 80. 

     En ese entonces lideraba, junto con Nick Zedd, una nueva corriente cinematográfica bautizada como Cine de Transgresión donde convergían la crudeza, la falta de medios y la fealdad, la provocación, la crítica y el humor más grotesco. Un ejemplo, Stray Dogs: una comedia delirante sobre la relación del fan y el objeto de su veneración. Protagonizada por el artista plástico David Wojnarowicz, Stray Dogs cuenta la historia de un homosexual enamorado de un pintor que sigue al objeto de su deseo hasta su casa y, ante el rechazo del mismo, se hace pedazos literalmente ante la mirada sonriente del pintor que utiliza la escena para comenzar un dibujo. 

    Claramente esta obra genera rechazo. Me embarque a verla varias veces y llegue a una conclusión: es lo que es. Sin más. Tiene crudeza, fealdad y, obviamente, falta de medios. Pero eso no la desestima. Gusta. Y lo más importante es que no se sabe porque.
Kern no siempre busca la provocación deliberada y que muchas veces se limita a retratar a su entorno del Lower East Side, entorno por demás decadente para la óptica media de un país que se encontraba con la época Reagan. Pero que el haya surgido en ese momento no le quita actualidad. Aún hoy provoca. Y muestra como al público, no sólo al norteamericano, le interesa la violencia y el sexo, sin dejar de lado el lado sórdido de la vida.

    Richard Kern no se anda con pelos en la lengua. Habla de lo que tiene que hablar sin vueltas. Y muestra, con lo que necesita y tiene, que no todo tiene que tener sentido puesto que no todo en la vida es así. Simple realidad.

    La simpatía que genera una cajita, con su bracitos que no alcanzan a tocarse y su animado andar, marcó toda una generación. Incluso tiene un club de fans. Pero esta cajita representó algo más allá de su carita feliz.

    Coffee & TV es una canción de la banda británica Blur que fue publicada en su disco 13 de 1999, cuyo videoclip fue dirigido por Hammer & Tongs. La letra de la canción se le acredita al guitarrista Graham Coxon y se refiere a su intento de dejar el alcohol. En el videoclip una caja de leche va en busca del guitarrista, quien ha desaparecido. En su viaje pasa diversas adversidades y peligros y conoce una linda cajita de leche de frutilla. Al final del video, la caja es botada a la basura y muere pero se va al cielo de las cajitas de leche junto a su amada “lechecita” de frutilla.

    La historia de Coffe and TV es cruda. Es real. La desesperación de una familia por encontrar a su hijo y la búsqueda de este por parte de una cajita de cartón. El viaje: truculento, amenazador y cruel. Pero una crueldad feliz. El video no deja generar simpatía a pesar de que el acartonado protagonista sufre, encuentra y pierde el amor en menos de un segundo y su recompensa es acabar con la basura.
El real. Y simple. La caja cumplió con su cometido y fue descartada.
La letra habla de cómo sociabilizar es demasiado difícil para el cantante, como el mundo es un lugar malo y de que su única paz sería casarse con ella para empezar de nuevo otra vez. El videoclip muestra como el afuera es un lugar malo, donde cosas malas pasan y el final es triste y feliz. Y de una forma simple. Y alegre. Simple realidad.

        Ambos cortos abarcan la vida, como es y lo que trae. A veces, devastadora y provocadoramente cruel. Otras, sólo triste pero feliz. Ambos creadores lo hacen de forma simple, demostrando que a veces la vida no requiere de una estructura armada y acorde para funcionar. 

lunes, 6 de mayo de 2013

TP Cortos: La Búsqueda (por Lucas Loscerbo, Turno Noche)


Father and Daughter, de Michael Dudok de Witt.
Coffe and TV, el video de Blur     

      Estos dos cortos  tienen varias  cosas en común. El cuerpo  físico de sus protagonistas, claramente no lo es, ya que uno es un cartón de leche y la otra una niña. Pero sí, los temas que tratan, como la nostalgia, la familia, el amor, la pérdida y sobre todo la búsqueda. Ambos videos retratan en pocos minutos, una larga búsqueda.

     También Father And Daugther  y Coffe And TV, comparten características típicas del melodrama. El desear algo que no logran alcanzar y si lo logran, deriva en la muerte.

   Otra cosa que tienen en común es que en ninguno de los dos se  deja en claro, el porqué de la separación de los protagonistas. En Padre E Hija, valga la redundancia, un padre deja a su hija, pero ¿cual seria  el motivo? En Coffe And TV, se puede deducir que un hijo abandona su hogar  y al mismo tiempo ver la preocupación de los padres. pero tampoco queda claro el conflicto que existió. Aunque leyendo la letra de la canción de Blur, podes imaginarte algo, pero según que interpretación le da cada uno.

   El paso del tiempo puede ser una de las pocas diferencias que esta a la vista. El director Michael Dudok de Witt le da un participación clave al tiempo en su trabajo, donde podemos observar los cambios de la protagonista, que arranca siendo una niña y va creciendo hasta llegar a anciana. Mientras que en el video de la banda inglesa , desde que el cartoncito de leche sale de la casa , hasta que es arrojado al tacho de basura, y luego se va como un ángel al cielo , no parece haber transcurrido mucho tiempo. En uno de los dos videos, el personaje espero años y años, en el otro en cambio pudo haber esperado días o incluso solo un día.
El problema de los dos videos, también es el mismo: querer emocionar o lograr un fuerte impacto en el espectador en pocos minutos. En menos de diez minutos es muy difícil generar tristeza y lágrimas en los ojos de quien lo ve. y aunque ese pareciera ser el objetivo de los directores, fallan en el intento. Todos sabemos que estamos en presencia de una historia triste y seguramente alguno quisiera que el final sea otro, pero al rato de terminar de verlo, te olvidas de todo lo que paso. Quizás eso que vimos podía haber funcionado mejor en un mediometraje y con mayor seguridad se hubiera logrado el objetivo  en un largometraje. Ese tipo de situaciones en películas de larga duración, si  pueden llegar a  causar emociones fuertes en el publico. 

     ¿En poco tiempo se pueden contar historias? sí. Ahora eso no significa que la historia sea buena, deje algo muy  profundo o quede en la memoria de las personas por mucho tiempo.

    También podría pasar que contar lo mismo pero en un largo, pueda ser acusado de recurrir al golpe bajo, pero en el caso del simpático envase de leche, seria una pavada .se estaría hilando muy fino.
Para concluir, vuelvo al principal punto en común que tienen estos dos cortometrajes: la búsqueda. Por un lado la búsqueda  de los personajes, de encontrar a sus seres queridos y por el otro la búsqueda del director de provocar sentimientos en el espectador. se podría decir que, ambas en cierta forma quedan inconclusas.

TP Cortos: La vida animada (por Sebastián Vivarelli, Turno Noche)


    La animación como técnica, el animarse como postura vital. Lo animado como nexo entre el corto Broken Down Film  del japonés Osamu Tezuka  y el videoclip Coffe and Tv de los británicos Blur. En el primero omnipresente como género, como soporte; en el segundo ya que será un objeto (in)animado  el que cobre vida en el mundo real.
A este elemento en común en ambos se suma otro: un afuera amenazante, tome éste forma de ciudad o de lejano oeste. Un mundo exterior que obligará a los protagonistas a enfrentar riesgos, peligros y contrariedades.

    Coffe and Tv muestra a una familia devastada por la ausencia del hijo varón. Ante un clima de apatía general del grupo familiar - sólo modificado por esporádicos llamados telefónicos-, será un cartón de leche (devenido cartoon) quien tome la iniciativa. Su objetivo: traer de nuevo a casa al familiar perdido. Para ello se aventurará en la ciudad, entre calles atestadas de vehículos y personajes peligrosos. Trayecto en el que además de saltear amenazas, encontrará por azar a su futura enamorada. Enorme odisea que será recompensada al final, cuando el joven (rockero de profesión) perdido regrese al hogar.

     En Broken Down Film el contexto es otro -el lejano oeste- pero la idea central es similar. Un cowboy enfrenta peligros propios del mundo real (trenes, villanos, tiros) para rescatar a la mujer amada. A este paisaje exterior se le agrega otro “afuera”, a modo de capa significante: el fuera de campo, gobernado por un algo imperceptible que incidirá en el desarrollo de la historia. De allí la sucesión de gags en lo que planos, encuadres, texturas, dejan de ser decoraciones o soportes para tomar un rol activo en el desarrollo de la acción.

    Ambos cortos llevan a un primer plano la pulsión vital, aquella necesaria para enfrentar miedos -internos y externos-.
En ambas historias hay búsquedas, recompensas y amor. Y al final hay salvaciones –aunque implique dejar la vida en ello-. Salvar o salvarse, más allá de todo, para sentirse vivo. Esa parece ser la cuestión.


TP Cortos, por Santiago Gonzalez (Turno Noche)


     Broken Down Film de Ozamu Tezuka e Interplanetary revolution de Nikolai Khdataev son dos cortos animados que comparten algo en común: ambos juegan con la imagen para contar de forma interesante algo que ya hemos visto. Y si bien ambos comparten eso,  sus objetivos son claramente diferentes.

   Broken Down  Film cuenta la típica historia de un vaquero que salva a una chica de ser aplastada por un tren y de paso vence al villano que la había atado.
Lo diferente es como su director juega con la imagen para lograr un efecto cómico, el cual logra exitosamente  porque utiliza el material fílmico como una herramienta más.
Por ejemplo vemos secuencias repetidas como si eso fuera la culpa del proyeccionista que se equivocó  o también en el momento del  clímax amoroso este pasa a otra escena con otra estética para luego volver al clímax. E inclusive se mete con el máximo genero americano:  el western, mostrando al héroe como un debilucho y torpe y obviando la forma tradicional de contar las cosas de una forma clara y transparente sin que se note la presencia del director cosa que en este corto pasa lo contrario,  vemos como el director metió mano en cada fotograma. Y es ese capaz su objetivo: Mostrar las posibilidades ilimitadas que tiene el cine para contar una historia.

  Interplanetary Revolution también muestra estas posibilidades pero esta vez su objetivo es la propaganda comunista típica de la época en que se realizó (pleno gobierno de Stalin) y tiene  más en común con el cine de Sergei Eisestein, ese cine que si bien promueve el comunismo es tan elitista que solo muy pocos pueden entenderlo. Y de hecho si no se está contextualizado es posible que no entienda que está contando el director. Nikolai Khdataev usa fotos estampadas como fondo mientras pone imágenes en movimiento, muchas veces con un sentido metafórico inentendible. En otros momentos el fondo está en movimiento como por ejemplo cuando está viajando por el espacio. Inclusive Khdataev retoca las fotos para darles movimiento y termina dándole un efecto de extrañeza que causa gracia. La contra es que justamente toda esas metáforas por mas contextualizado que se esté siguen siendo en la mayoría de los casos indescifrables, inclusive en un mismo plano se dan varias imágenes metafóricas al mismo tiempo que uno no logra interpretar todas.

  Stray dogs de Richard Kern no es un corto animado pero si comparte con los otros dos cortos mencionados el uso de la herramientas cinematográficas para lograr un efecto. En este caso la banda sonora compuesta por un conjunto de ruidos distintos y caóticos que van en aumento para lograr un clímax de locura, inclusive la voz de los personajes pareciera haber sido grabada después en un estudio lo que le da una sensación de estar en otro mundo, algo similar ocurría en la película de terror Carnival of souls (1962) de Herk Harvey, que usaba esto para mostrar que la protagonista está en otro mundo y que casualmente usaba mucho el sonido para construir la  historia. Y de hecho la historia de un pintor que es seguido por un hombre que parece ser un demente tiene mucho que ver con el cine de terror y su final gore da indicios de que así es. Pero por sobre todo se trata de un corto muy extraño filmado de una manera muy independiente, con cámara en mano, con muy pocas locaciones y tres actores que parecieran que actúan o sobreactúan para lograr el efecto de rareza.

Tp Cortos, por Sonia Glas (Turno Mañana)


     “Peor: los dibujos animados siempre serían para mí algo distinto del cine. Peor aún: los dibujos animados siempre serían un poco el enemigo. Ninguna imagen bella, y menos aún dibujada, compensaba la emoción –el miedo y el temblor- frente a las cosas registradas.” Serge Daney.

Se ve que Serge al momento de escribir esto no había visto Father and Daughter, (ni Pixar, ni Adventure Time, ni nada de Bill Plympton). Pero está bien porque aunque hubiese querido, esas cosas no existían todavía cuando él vivía.

Father and Daughter lo vi por primera vez una mañana de viernes en un curso de crítica de cine. No lloré, creo que nadie lloró pero tal vez alguno más tiene problemas para llorar en público…

Me encantan los dibujos animados y también el cine, pero por alguna razón los sigo considerando universos muy diferentes. No porque uno no pueda estar a la altura del otro, sino porque simplemente son lenguajes distintos. Pero a pesar de ello, el fin es el mismo. Reír hasta hacernos pis, pensar, emocionarnos, llorar, reflexionar sobre lo que nos rodea (o lo que nos gustaría que nos rodee), o hasta pueden abrirnos la mente al punto de que nos planteemos el mundo de una forma nueva. Distraernos y olvidarnos de todo, o no, o todo junto. El cine es una realidad paralela construida y manipulable al extremo, en la cual nos situamos al momento en que estamos viendo la película y el resto del mundo entra en estado de pausa. Y si es manipulable un escenario construido con objetos y personas y lugares, ¿cuánto más extensas son las posibilidades que nacen de una hoja de papel en blanco (o de un programa de animación por computadora)?

Los dibujos animados y las animaciones suelen construir sus mundos borrando las líneas que separan lo imaginario de lo real. Y es que cuando somos niños, nos alimentamos de esto, para luego el resto de nuestra vida añorarlo y seguir disfrutando de ello cuando se nos presenta en libros, películas, cortometrajes. Y tanto el corto Father and Daughter como el video-clip de la banda inglesa Blur, Coffe and TV, tienen un poco (o mucho) de esto.
Ambos poseen un desarrollo cuyo eje es la desaparición de un ser querido. En el primero Graham Coxon (guitarrista de la banda) dado por perdido por su familia, es buscado por toda la ciudad por un cartón de leche animado, quien lleva en un costado la foto del chico. En un principio vemos a Milky cobrar vida y bailar arriba de la mesa del desayuno para luego encontrarlo en situaciones muy humanas; pidiendo un aventón, enamorándose, temiéndole al callejón oscuro…todo esto sin decir ni una palabra. Es gracioso, tierno y simpático a la vez. Y a raja tabla queremos que todo salga bien, que encuentre a Coxon y vuelva a su casa y que la música nunca se detenga aunque él deba dejar de tocar para regresar.
En el segundo seguimos a unas figuras en bicicleta casi sin rostro, que también permanecen mudas, pero no por eso no emiten expresión, sino todo lo contrario.
Una hija espera eternamente el regreso de su padre, y la vemos crecer y al final vemos el pasto que también creció sobre el río por el que él se fue… y sabemos que el “eternamente” adquiere un profundo significado. Father and Daughter es una de las cosas que prueban cuánto puede hacernos sentir la representación de un mundo que tal vez tiene mucho más de humano que algunas películas no animadas de hoy.

“Una Cierta Tendencia del Cine de Animación”, por Franco C. Orocu (Turno Mañana).




A primera vista, Broken Down Film (1985) de Osamu Tezuka podría parecernos una suerte de Lucky Luke animado, más cerca de una Silly Symphony que otra cosa. Sin embargo, este corto experimental del creador de Astroboy, por un lado, está lejos de serlo.
Dicha alusión, corre tanto por la estética, como por el bien logrado trabajo con el género. Planteado de mejor manera, esta relación es posible ya que lo estético obra en función del género, que parafraseando a Hugo Santiago, acerca de la actuación en "Invasión" (1969) dice: nadie se creería un western hablado en porteño.
Quizás, por este motivo la mayoría de los Spaghetti Western, a pesar de la cosmopolitaneidad en el reparto, y la italianeidad de la producción, fueron doblados al inglés. Un ejemplo de esto, actual y de la misma isla que "Broken Down Film", es “Sukiyaki Western Django” (2007) de Takashi Miike.
Sukiyaki Western, es un homenaje/precuela de Django, uno de los cowboys más famosos y más filmados en la historia del Spaghetti Western. Mas de esta versión, lo que nos es pertinente subrayar, es la recurrente particularidad en la apropiación de un género por el "cine periférico" (para no decir "no yanqui"), de mezclarse con un subgénero.
Así, retomando a Hugo Santiago, podríamos decir que la receta de Invasión es un poco más de fantasía que de policial negro. En el caso del film de Miike es Western/Samurai/Anime, siendo un ejemplo de cine de acción en vivo casi perfecto para comparar con Broken Down Film, donde se trabaja el Western, con trazos y acciones americanizadas, en contraste con un final japonés propio del Anime.
Por otra parte, cabe resaltar que la animación, híbrido entre las artes plásticas y el cine, siguiendo una tradición que podríamos decir nace con la obsesión de Disney por acercar el "dibujo animado"  lo más posible a los films de acción en vivo, intenta sin cesar imitar la objetividad del kino-ojo, ocultando el artificio.
Por el contrario, el cortometraje de Tezuka devela el artificio, trabajando eso que forma parte de la experiencia de ir a un cine club de segunda a ver una copia rayada y en mal estado de una película de los '40, en un proyector con la lente sucia y con problemas en la ventanilla. Todos, problemas conocidos o aprendidos por el personaje.
Este manejo del código por parte del cowboy le da ventaja contra su oponente,  cual a Groucho Marx le da ventaja su manejo de la lengua, y el conocimiento del lenguaje cinematográfico es lo que le da ventaja a Tezuka por sobre otros animadores.
A modo de comparación, tomemos por ejemplo al reconocido animador contemporáneo de personajes sin rostro Michael Dudock de Witt. En cortometrajes como “Father and Daughter” (2001) o “Le moine et le poisson” (1994), de Witt se aleja un poco del cine, acercando su pincel a la tradición pictórica Budista sin perspectiva. Pero, por otra parte, un trabajo de montaje transparente y manejo del dinamismo dentro del cuadro lo hacen elegible para realizar publicidades para la compañía telefónica estadounidense AT&T.
Este intento por imitar el inalcanzable realismo fotográfico, recordando Ontologie de l'image Photographique de Bazin, resulta inútil si se toma en cuenta el mucho tiempo que ha transcurrido desde la liberación, a manos de la fotografía, de la "catalepsia convulsiva" (“Qu'est-ce que le cinéma?”, 1976: p.16) propia de la pintura barroca.
Sin embargo, a pesar de esto, hoy nos encontramos con un arte pictórico nuevamente esclavizado. Ahora, por el lenguaje cinematográfico, donde  un escape, que contando ahora con salva pantallas, talvez no vaya por el lado de la obra de Oskar Fischinger. Sino más bien, una animación que se acerque más a lo que habían encontrado las Merrie Melodies y Silly Symphonies que tanto añoramos.
Me atrevo a decir entonces: Gaudí, no se equivocaba cuando decía que "la originalidad es volver al origen".

miércoles, 1 de mayo de 2013

TP Cortos: Presencias (por Paula De Giacomi, Turno Mañana).


    Los cortos elegidos para analizar son Father and Daughter, de Michael Dudok de Witt y el gran video de Blur llamado Coffee and TV, dirigido por Hammer and Tong.

   En cuanto al nivel de la historia y como para encontrar puntos en común, ambos hablan sobre una espera, una ausencia, una búsqueda, sin dejar de lado, la muerte.

  Los contextos de ambos son diferentes, Father and Daughter esta situado en una zona rural y Coffee and TV transcurre en su mayor parte en una zona urbana, como escenarios que enmarcan las historias y con sus propias particularidades. En el primer caso el paso del tiempo esta simbolizado a través de las estaciones y mediante esas figuras (casi sombras) que van cambiando de formas, en general observadas con planos distantes, con una música de fondo que acompaña el ritmo y le da fluidez a la historia y con un simple detalle: el sonido de la bocinas de la bicicletas.

   Al contrario del anterior, en el video de Blur la ciudad es protagonista (¡además del adorable cartón de leche!) y esta se nos muestra peligrosa, amenazante y como un gran obstáculo a sobrepasar para llegar al objetivo planteado: el encuentro con el personaje buscado.

   Sin embargo (y a pesar de estas diferencias contextuales) ambos protagonistas, tanto la chica como el cartón de leche, están en una búsqueda. Quizás en el primer personaje esta búsqueda sea mas pasiva, mas del lado de la espera, mientras que en segundo, es completamente activa.

   Ambos se van cruzando con personajes en el camino (como ellos) que también tienen una historia detrás (aunque no este contada explícitamente) pero cada uno de nosotros puede imaginarla, sin dejar de sentirlos tan reales como nosotros, aunque sean de lata, cartón, o figuras dibujadas casi sin rostro ni facciones.
Y en ambos casos aparece la muerte, quizás con una visión un tanto naif y estilizada de ella, una muerte que nos permitiría (y ojalá que así fuera, aunque lo dudo demasiado) reencontrarnos con quienes dejaron antes que nosotros la Tierra (lo único concreto que tenemos).

   En el primer caso la niña devenida ya en anciana, cruza un río convertido en pastizales para llegar a la “verdad”, donde luego al morir (o “despertar” con el sol calentando su cara) se reencuentra,
vivenciando toda su vida en unos pocos segundos, con su padre.

  Por otro lado, el final feliz del reencuentro entre el guitarrista y su familia, trae como consecuencia la “muerte” de quien lo llevó a cabo, un cartón de leche que al ser aplastado por el mismo Graham Coxon, cae en un tacho de basura (tan parecido a la visión cosmopolita que nos mostraba el video) para luego salir volando hacia el cielo y reencontrarse con el femenino cartón de leche con gusto a  frutillas de su amada.
No quiero dejar de lado los detalles destacables de ambas historias, como los dibujos tan bien realizados y los sonidos que lo acompañan perfectamente, esa tierna y expresiva caja de leche (que no vamos a poder sacarla de nuestra memoria nunca más) que contrasta con la depredación moderna caracterizada por la ciudad y la foto del ausente personaje con sus enormes gafas, en medio de una cámara que parece fotografiar y sintetizar en esa toma familiar el conflicto de la historia. Ante la ausencia del personaje tenemos la foto y ante la ausencia de padre (en el otro corto) sólo nos queda la bicicleta apoyada sobre un árbol. Es así como los objetos toman un peso y un sentido diferente, casi trascendente.

  En ambas historias, alguien espera a quien se fue, lo busca como puede y de alguna manera, a pesar de todo, lo encuentra.

TP Cortos: ESPERAME, PORQUE VOLVERÉ (¿o no?) .Por Luis Sidicaro, Turno Mañana.


    Father and daughter ganó, entre otros premios, un Oscar en el año 2000 y un premio BAFTA (British Academy of Film and Television Arts) en el 2001. Su realizador, el holandés Michaël Dudok de Witt, utiliza el color, inspirado en el arte chino y japonés.
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  Padre e hija es especialmente desgarrador para el espectador. En su breve duración  nos muestra una hija pequeña que despide a su padre que se aleja de la costa en una barca, en un viaje  cuyo retorno -se intuye- será muy largo. Con una dedicación y cariño capaz de soportar todas las inclemencias, la niña va creciendo y envejeciendo yendo a la costa a esperar a su padre.
  Un día  ya casi anciana, la marea baja y ella entra en el lecho del río. No muy lejos de la costa descubre que la barca en la que partió su padre había zozobrado y estaba ahí, muy cerca.
Esperó toda la vida el regreso de un padre al que había perdido a poco de despedirlo.
La imagen fantaseada de su reencuentro y su abrazo con él, sutura de alguna manera no solo el dolor de la hija sino también el del espectador.


  Por otro lado Coffee and tv (1998) es un clip que acompaña  una canción  del grupo Blur, escrita por su guitarrista Graham Coxon. El clip es una fantasía que parece realizar el deseo que el autor expresa a través de su canción.
 La letra nos habla de su sentimiento de soledad:
“Holding out your heart  to people who never really 
care how you are”
 Y de un deseo de estar con aquellos a los que sí le importa,
“So, give me coffee and TV, history” .
Algo así como la cotidianeidad del café , la tv y la sensación de continuidad e identidad personal que se logra con aquellos con los que compartes una historia


 Sociability, it's hard enough for me. 
Take me away from this big bad world"

El clip , como si fuese un sueño, satisface esta profunda necesidad de Coxon.
Unos amorosos padres lamentan la desaparición de su hijo, y un simpático cartón  de leche oficia de ángel protector y va en  su busca. Lo encuentra tocando con su banda -quizás no lejos de su casa- lo trae, le sirve de alimento, él regresa a su hogar  y luego de su buena obra, el cartón se remonta al cielo , merecido premio a su bondad.


¿Qué tienen en común ambos cortos?


  Por un lado, la espera desesperadamente amorosa; hijos y padres que esperan algo que en la realidad nunca encontrarán. Solo podrán hacerlo a través de la fantasía: el encuentro póstumo, en Father  and Daughter acompañados de un vals,o en un mágico clip  de Bluj con un hada láctea, símil a una madre bondadosa .
 Por otro lado es interesante colocarse en la perspectiva, no del que espera, sino del que se va. ¿Qué buscará el padre al partir en su barcaza? ¿Qué buscará el hijo al irse de su casa?
 En ambos cortos los autores muestran un mismo desenlace: alejarse desemboca en la muerte. Una barca que zozobra, un guitarrista que  dice de sí mismo “And I'm brain-dead virtually".

Esta es la tragedia de ambos cortos. Un conflicto entre la necesidad de irse y el peligro de ahogarse (en el agua, en el alcohol o la heroína).
Y solamente en la fantasía será posible empezar de nuevo. “We could start over again”, escribe Coxon.

Pero, como dicen los videos juegos: “game is  over”.

Mientras tanto alguien desesperadamente espera.