A Favor (2): Los Amores Imaginarios
Lo interesante de cualquier película o de cualquier
obre de arte, es lo que nosotros proyectamos en ella. Desde este lugar, creo
que mi mirada sobre Los amores imaginarios de Xavier Dolan esta
puesta sobre los personajes principales que considero que son Marie y Francis
(como se muestra en la foto elegida) y donde Nick queda para mí en un segundo
lugar, de hecho es el personaje que luego será reemplazado por Louis Garrel en
el final. Su función es la de tensar y provocar respuestas. Justamente el
mensaje es que no importa el objeto de deseo, sino lo que a nosotros nos pasa
ante estas circunstancias. Es por eso que en los geniales minutos que duró la
película nunca intenté preguntarme de qué lado de las siete categorías, no
cinco como describe Sonia, estaba Nick, porque lo que me importaba no era él,
sino lo que se generaba a su alrededor, lo que nos generaba su presencia.
El título es en sí una paradoja, no existen los amores
imaginarios, el amor nunca es imaginario, es lo mas real y concreto que existe
y todo lo demás es amor entre comillas. Como dice un personaje: “... supongo que estaba enamorada del avión, los cafés, el
viento, su acento.... amas el concepto más que a él, amas la distancia”, y de
este tipo de “amores” es de lo que nos habla Dolan en su película.
Estoy de acuerdo que el amor es muy diferente a la
obsesión y en este último caso esta palabra también tendría que tener comillas
porque es mucho mas estricta de lo que se la usa comúnmente. Dolan habla sobre
los sentimientos que genera en esa sensación que se confunde con el amor.
Claro, a la distancia es fácil delimitar y definir emociones. ¿Pero en ese
mismo momento en que lo estamos sintiendo, tenemos la mente tan lúcida como
para darnos cuenta? Yo creo que no y Dolan pareciera decirnos que tampoco. Sólo
la distancia, el tiempo y la pérdida nos hace saber que todo lo que creíamos no
eran nada mas que idioteces, que a nuestra razón la habíamos dejado de lado
para terminar convirtiéndonos en nenes peleándonos por el juguete tan preciado,
y que probablemente lo íbamos a dejar a un costado una vez que hayamos ganado
la competencia. Pero en este caso, ni Francis ni Marie la ganaron.
Me animo a afirmar que no debe haber nadie que no haya
pasado por alguna situación parecida, sin importar la edad, el género, la
inclinación sexual, ni la época, y de ahí mi referencia a que hay cosas que
perduran en el tiempo... Quizás los temas se repitan, pero el cómo son contados
se sostiene con un director que sabe perfectamente donde poner sus dedos al
momento de contar historias en las cuáles nos vamos a ver reflejados. Conozco
varias mujeres de veinte y pico vestidas a la antigua, como Marie, que con las
manos nerviosas no sabe como salir de una confesión ridícula y que se sienten
“como una colegiala que experimenta su primer crash amoroso” como se describe
en el texto, hasta podría enumerarlas pero no viene al caso.
Quién sabe, quizás la vida sea como tan bien describe
Sonia, un “espiral de desamores”, no lo sé, pero lo que sí es una repetición de
“amores” sin sentido hasta que el espiral, por lo menos por un tiempo, se
detiene.





