lunes, 6 de mayo de 2013

“Una Cierta Tendencia del Cine de Animación”, por Franco C. Orocu (Turno Mañana).




A primera vista, Broken Down Film (1985) de Osamu Tezuka podría parecernos una suerte de Lucky Luke animado, más cerca de una Silly Symphony que otra cosa. Sin embargo, este corto experimental del creador de Astroboy, por un lado, está lejos de serlo.
Dicha alusión, corre tanto por la estética, como por el bien logrado trabajo con el género. Planteado de mejor manera, esta relación es posible ya que lo estético obra en función del género, que parafraseando a Hugo Santiago, acerca de la actuación en "Invasión" (1969) dice: nadie se creería un western hablado en porteño.
Quizás, por este motivo la mayoría de los Spaghetti Western, a pesar de la cosmopolitaneidad en el reparto, y la italianeidad de la producción, fueron doblados al inglés. Un ejemplo de esto, actual y de la misma isla que "Broken Down Film", es “Sukiyaki Western Django” (2007) de Takashi Miike.
Sukiyaki Western, es un homenaje/precuela de Django, uno de los cowboys más famosos y más filmados en la historia del Spaghetti Western. Mas de esta versión, lo que nos es pertinente subrayar, es la recurrente particularidad en la apropiación de un género por el "cine periférico" (para no decir "no yanqui"), de mezclarse con un subgénero.
Así, retomando a Hugo Santiago, podríamos decir que la receta de Invasión es un poco más de fantasía que de policial negro. En el caso del film de Miike es Western/Samurai/Anime, siendo un ejemplo de cine de acción en vivo casi perfecto para comparar con Broken Down Film, donde se trabaja el Western, con trazos y acciones americanizadas, en contraste con un final japonés propio del Anime.
Por otra parte, cabe resaltar que la animación, híbrido entre las artes plásticas y el cine, siguiendo una tradición que podríamos decir nace con la obsesión de Disney por acercar el "dibujo animado"  lo más posible a los films de acción en vivo, intenta sin cesar imitar la objetividad del kino-ojo, ocultando el artificio.
Por el contrario, el cortometraje de Tezuka devela el artificio, trabajando eso que forma parte de la experiencia de ir a un cine club de segunda a ver una copia rayada y en mal estado de una película de los '40, en un proyector con la lente sucia y con problemas en la ventanilla. Todos, problemas conocidos o aprendidos por el personaje.
Este manejo del código por parte del cowboy le da ventaja contra su oponente,  cual a Groucho Marx le da ventaja su manejo de la lengua, y el conocimiento del lenguaje cinematográfico es lo que le da ventaja a Tezuka por sobre otros animadores.
A modo de comparación, tomemos por ejemplo al reconocido animador contemporáneo de personajes sin rostro Michael Dudock de Witt. En cortometrajes como “Father and Daughter” (2001) o “Le moine et le poisson” (1994), de Witt se aleja un poco del cine, acercando su pincel a la tradición pictórica Budista sin perspectiva. Pero, por otra parte, un trabajo de montaje transparente y manejo del dinamismo dentro del cuadro lo hacen elegible para realizar publicidades para la compañía telefónica estadounidense AT&T.
Este intento por imitar el inalcanzable realismo fotográfico, recordando Ontologie de l'image Photographique de Bazin, resulta inútil si se toma en cuenta el mucho tiempo que ha transcurrido desde la liberación, a manos de la fotografía, de la "catalepsia convulsiva" (“Qu'est-ce que le cinéma?”, 1976: p.16) propia de la pintura barroca.
Sin embargo, a pesar de esto, hoy nos encontramos con un arte pictórico nuevamente esclavizado. Ahora, por el lenguaje cinematográfico, donde  un escape, que contando ahora con salva pantallas, talvez no vaya por el lado de la obra de Oskar Fischinger. Sino más bien, una animación que se acerque más a lo que habían encontrado las Merrie Melodies y Silly Symphonies que tanto añoramos.
Me atrevo a decir entonces: Gaudí, no se equivocaba cuando decía que "la originalidad es volver al origen".

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