A primera vista, Broken
Down Film (1985) de Osamu Tezuka podría parecernos una
suerte de Lucky Luke animado, más
cerca de una Silly Symphony que otra
cosa. Sin embargo, este corto experimental del creador de Astroboy, por un lado, está lejos de serlo.
Dicha alusión, corre tanto por la estética, como por el bien logrado
trabajo con el género. Planteado de mejor manera, esta relación es posible ya
que lo estético obra en función del género, que parafraseando a Hugo Santiago, acerca de la actuación en
"Invasión" (1969) dice: nadie se creería un western hablado en porteño.
Quizás, por este motivo la mayoría de los Spaghetti Western, a pesar de la cosmopolitaneidad en el reparto, y la italianeidad de la producción, fueron doblados al inglés. Un
ejemplo de esto, actual y de la misma isla que "Broken Down Film", es “Sukiyaki
Western Django” (2007) de Takashi
Miike.
Sukiyaki Western, es un homenaje/precuela de Django, uno de los cowboys más famosos y más filmados en la
historia del Spaghetti Western. Mas de
esta versión, lo que nos es pertinente subrayar, es la recurrente
particularidad en la apropiación de un género por el "cine periférico" (para no decir "no yanqui"), de mezclarse con un subgénero.
Así, retomando a Hugo Santiago,
podríamos decir que la receta de Invasión
es un poco más de fantasía que de policial negro. En el caso del film de Miike es Western/Samurai/Anime, siendo un ejemplo de cine de acción en vivo
casi perfecto para comparar con Broken
Down Film, donde se trabaja el Western,
con trazos y acciones americanizadas, en contraste con un final japonés propio
del Anime.
Por otra parte, cabe resaltar que la animación, híbrido entre las
artes plásticas y el cine, siguiendo una tradición que podríamos decir nace con
la obsesión de Disney por acercar el
"dibujo animado" lo más posible a los films de acción en vivo,
intenta sin cesar imitar la objetividad del kino-ojo,
ocultando el artificio.
Por el contrario, el cortometraje de Tezuka devela el artificio, trabajando eso que forma parte de la
experiencia de ir a un cine club de segunda a ver una copia rayada y en mal
estado de una película de los '40, en un proyector con la lente sucia y con
problemas en la ventanilla. Todos, problemas conocidos o aprendidos por el
personaje.
Este manejo del código por parte del cowboy le da ventaja contra su
oponente, cual a Groucho Marx
le da ventaja su manejo de la lengua, y el conocimiento del lenguaje
cinematográfico es lo que le da ventaja a Tezuka
por sobre otros animadores.
A modo de comparación, tomemos por ejemplo al reconocido animador
contemporáneo de personajes sin rostro Michael
Dudock de Witt. En cortometrajes como “Father
and Daughter” (2001) o “Le moine et
le poisson” (1994), de Witt se aleja un poco del cine, acercando su pincel
a la tradición pictórica Budista sin perspectiva. Pero, por otra parte, un
trabajo de montaje transparente y manejo del dinamismo dentro del cuadro lo
hacen elegible para realizar publicidades para la compañía telefónica
estadounidense AT&T.
Este intento por imitar el inalcanzable realismo fotográfico,
recordando Ontologie de l'image
Photographique de Bazin, resulta
inútil si se toma en cuenta el mucho tiempo que ha transcurrido desde la
liberación, a manos de la fotografía, de la "catalepsia convulsiva" (“Qu'est-ce
que le cinéma?”, 1976: p.16) propia de la pintura barroca.
Sin embargo, a pesar de esto, hoy nos encontramos con un arte
pictórico nuevamente esclavizado. Ahora, por el lenguaje cinematográfico,
donde un escape, que contando ahora con salva pantallas, talvez no vaya por el
lado de la obra de Oskar Fischinger.
Sino más bien, una animación que se acerque más a lo que habían encontrado las Merrie Melodies y Silly Symphonies que tanto añoramos.
Me atrevo a decir entonces: Gaudí, no se equivocaba cuando decía que "la originalidad es volver al origen".
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