En Contra: Los Amores Imaginarios
Llegando
a la mitad de la película, uno de los personajes que monologan sobre el amor
define 5 categorías de elección sexual; heterosexual, predominantemente
heterosexual con experiencias homosexuales, homosexual, predominantemente
homosexual con experiencias heterosexuales y bisexual claro. Y OKAY, ya
entendimos. El mundo es esto y no hay nada más allá, no existen otras
inclinaciones posibles. Y durante los 101 minutos que dura Los amores imaginarios nos la vamos a pasar intentando encasillar
al ¿intrigante? Nicolas en alguna. Nuestros personajes principales, Francis y
Marie, van a hacer girar su vida en base a esta incertidumbre que los
obsesiona.
“Los
amores imaginarios” es un título, un nombre muy importante para darle a algo.
Tener un amor imaginario es casi como resfriarse, excepto que puede resultar un
poco más drástico.
“Fantasy
love is much better than reality love. Never doing it is very exciting (…)”. “El
amor de fantasía es mucho mejor que el amor real. Nunca hacerlo es muy
excitante” escribió alguna vez Andy Warhol, y pienso que Xavier Dolan tuvo un
poco esta premisa a la hora de idear y hacer su película. Pero como pasa con
tantas otras cosas, algunas veces las buenas ideas se quedan en el camino.
Comenzando porque “amor” y “obsesión” no son lo mismo.
Paula
escribe que lo que le importa es el cómo, no el qué. Sin embargo si esto fuera
así, tendría que poder vislumbrar el tremendo problema que aqueja el cómo de
esta película. Porque la idea del trío amoroso con su centro en un personaje de
inclinación sexual dudosa, resulta llamativa e intrigante en un principio…
En
el inicio del film podemos ver a Francis y Marie comprando ropa y hablando de
su primera impresión sobre Nicolas. Ambos parecen coincidir en que no es su
tipo. El resto de la historia es muy sencilla. La constante competencia
caprichosa entre dos orgullosos amigos que no se atreven a demostrar su
sentimiento hacia este chico (y supuesto “no tipo”). Paula bien dice que este resulta
no ser “más que un simple niño mantenido, snob, frío e histérico”, pero
nosotros esto ya lo sabemos desde un principio, y luego sus acciones no son más
que una constante comprobación. Entonces es a partir de su concisa descripción
que llego al punto en que me pregunto (y le pregunto a ella, y a cualquiera en
realidad) ¿cómo tragarse un enamoramiento tan superficial? ¿Cómo creerse por
ejemplo la desesperación de la joven de 25 años, que se viste como mi mamá, al
no poder encender su cigarrillo? ¿Cómo? ¿Esto es amor? Porque si así lo
considera entonces para ella el amor fácilmente puede resultar banal y vacío.
Como
una colegiala que experimenta su primer crash amoroso, Marie le cuenta muy consternada
a su peluquera sobre este “amor de su vida”, irremplazable e inalcanzable.
Francis confiesa todo cara a cara con aún una pisca de esperanza. Luego,
algunos años más tarde se ven nuevamente en la misma situación en la que todo
comenzó. Una fiesta inundada de humo de cigarrillo y un chico en pose
pretenciosa con gorro de lana que despide de su boca elegantes bocanadas de
humo. Y entendemos que todo vuelve a empezar y que ¿nada está perdido? No,
claro que no, porque si después de todo esto seguimos considerando a Los amores imaginarios una película de
amor, entonces ya hemos descifrado el profundo y significativo mensaje. La vida
es un espiral de desamores.
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