martes, 14 de mayo de 2013

TP Debate: las obsesiones imaginarias o la vida es un espiral de desamores, por Sonia Glas (Turno Mañana)


       En Contra: Los Amores Imaginarios  

             Llegando a la mitad de la película, uno de los personajes que monologan sobre el amor define 5 categorías de elección sexual; heterosexual, predominantemente heterosexual con experiencias homosexuales, homosexual, predominantemente homosexual con experiencias heterosexuales y bisexual claro. Y OKAY, ya entendimos. El mundo es esto y no hay nada más allá, no existen otras inclinaciones posibles. Y durante los 101 minutos que dura Los amores imaginarios nos la vamos a pasar intentando encasillar al ¿intrigante? Nicolas en alguna. Nuestros personajes principales, Francis y Marie, van a hacer girar su vida en base a esta incertidumbre que los obsesiona.
“Los amores imaginarios” es un título, un nombre muy importante para darle a algo. Tener un amor imaginario es casi como resfriarse, excepto que puede resultar un poco más drástico.

“Fantasy love is much better than reality love. Never doing it is very exciting (…)”. “El amor de fantasía es mucho mejor que el amor real. Nunca hacerlo es muy excitante” escribió alguna vez Andy Warhol, y pienso que Xavier Dolan tuvo un poco esta premisa a la hora de idear y hacer su película. Pero como pasa con tantas otras cosas, algunas veces las buenas ideas se quedan en el camino. Comenzando porque “amor” y “obsesión” no son lo mismo.

Paula escribe que lo que le importa es el cómo, no el qué. Sin embargo si esto fuera así, tendría que poder vislumbrar el tremendo problema que aqueja el cómo de esta película. Porque la idea del trío amoroso con su centro en un personaje de inclinación sexual dudosa, resulta llamativa e intrigante en un principio…

En el inicio del film podemos ver a Francis y Marie comprando ropa y hablando de su primera impresión sobre Nicolas. Ambos parecen coincidir en que no es su tipo. El resto de la historia es muy sencilla. La constante competencia caprichosa entre dos orgullosos amigos que no se atreven a demostrar su sentimiento hacia este chico (y supuesto “no tipo”). Paula bien dice que este resulta no ser “más que un simple niño mantenido, snob, frío e histérico”, pero nosotros esto ya lo sabemos desde un principio, y luego sus acciones no son más que una constante comprobación. Entonces es a partir de su concisa descripción que llego al punto en que me pregunto (y le pregunto a ella, y a cualquiera en realidad) ¿cómo tragarse un enamoramiento tan superficial? ¿Cómo creerse por ejemplo la desesperación de la joven de 25 años, que se viste como mi mamá, al no poder encender su cigarrillo? ¿Cómo? ¿Esto es amor? Porque si así lo considera entonces para ella el amor fácilmente puede resultar banal y vacío.

Como una colegiala que experimenta su primer crash amoroso, Marie le cuenta muy consternada a su peluquera sobre este “amor de su vida”, irremplazable e inalcanzable. Francis confiesa todo cara a cara con aún una pisca de esperanza. Luego, algunos años más tarde se ven nuevamente en la misma situación en la que todo comenzó. Una fiesta inundada de humo de cigarrillo y un chico en pose pretenciosa con gorro de lana que despide de su boca elegantes bocanadas de humo. Y entendemos que todo vuelve a empezar y que ¿nada está perdido? No, claro que no, porque si después de todo esto seguimos considerando a Los amores imaginarios una película de amor, entonces ya hemos descifrado el profundo y significativo mensaje. La vida es un espiral de desamores.

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