lunes, 6 de mayo de 2013

Tp Cortos, por Sonia Glas (Turno Mañana)


     “Peor: los dibujos animados siempre serían para mí algo distinto del cine. Peor aún: los dibujos animados siempre serían un poco el enemigo. Ninguna imagen bella, y menos aún dibujada, compensaba la emoción –el miedo y el temblor- frente a las cosas registradas.” Serge Daney.

Se ve que Serge al momento de escribir esto no había visto Father and Daughter, (ni Pixar, ni Adventure Time, ni nada de Bill Plympton). Pero está bien porque aunque hubiese querido, esas cosas no existían todavía cuando él vivía.

Father and Daughter lo vi por primera vez una mañana de viernes en un curso de crítica de cine. No lloré, creo que nadie lloró pero tal vez alguno más tiene problemas para llorar en público…

Me encantan los dibujos animados y también el cine, pero por alguna razón los sigo considerando universos muy diferentes. No porque uno no pueda estar a la altura del otro, sino porque simplemente son lenguajes distintos. Pero a pesar de ello, el fin es el mismo. Reír hasta hacernos pis, pensar, emocionarnos, llorar, reflexionar sobre lo que nos rodea (o lo que nos gustaría que nos rodee), o hasta pueden abrirnos la mente al punto de que nos planteemos el mundo de una forma nueva. Distraernos y olvidarnos de todo, o no, o todo junto. El cine es una realidad paralela construida y manipulable al extremo, en la cual nos situamos al momento en que estamos viendo la película y el resto del mundo entra en estado de pausa. Y si es manipulable un escenario construido con objetos y personas y lugares, ¿cuánto más extensas son las posibilidades que nacen de una hoja de papel en blanco (o de un programa de animación por computadora)?

Los dibujos animados y las animaciones suelen construir sus mundos borrando las líneas que separan lo imaginario de lo real. Y es que cuando somos niños, nos alimentamos de esto, para luego el resto de nuestra vida añorarlo y seguir disfrutando de ello cuando se nos presenta en libros, películas, cortometrajes. Y tanto el corto Father and Daughter como el video-clip de la banda inglesa Blur, Coffe and TV, tienen un poco (o mucho) de esto.
Ambos poseen un desarrollo cuyo eje es la desaparición de un ser querido. En el primero Graham Coxon (guitarrista de la banda) dado por perdido por su familia, es buscado por toda la ciudad por un cartón de leche animado, quien lleva en un costado la foto del chico. En un principio vemos a Milky cobrar vida y bailar arriba de la mesa del desayuno para luego encontrarlo en situaciones muy humanas; pidiendo un aventón, enamorándose, temiéndole al callejón oscuro…todo esto sin decir ni una palabra. Es gracioso, tierno y simpático a la vez. Y a raja tabla queremos que todo salga bien, que encuentre a Coxon y vuelva a su casa y que la música nunca se detenga aunque él deba dejar de tocar para regresar.
En el segundo seguimos a unas figuras en bicicleta casi sin rostro, que también permanecen mudas, pero no por eso no emiten expresión, sino todo lo contrario.
Una hija espera eternamente el regreso de su padre, y la vemos crecer y al final vemos el pasto que también creció sobre el río por el que él se fue… y sabemos que el “eternamente” adquiere un profundo significado. Father and Daughter es una de las cosas que prueban cuánto puede hacernos sentir la representación de un mundo que tal vez tiene mucho más de humano que algunas películas no animadas de hoy.

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