martes, 14 de mayo de 2013

TP Debate: “Ser gay está de moda”, por Franco C. Orocu (Turno mañana)





En Contra: The Rocky Horror Picture Show

Criticar, o crear un metalenguaje de una obra cinematográfica es algo necesario. Se debe deshacer una obra para poder re-estructurarla, darle forma y ascenderla al plano de la artificialidad.
El análisis, evita que al ponerse en circulación se cristalice o naturalice el sentido, convirtiéndose en un discurso cotidiano auto-justificado, como las verdades universales o las máximas.
De no pensar el producto, su sentido, su origen, etc. Se toma por sentado y, se configura dentro de la cultura una nueva magia, rito o ritual. Algo que forma parte del núcleo de supersticiones sobre el cual la actualidad se constituye.
Si no se piensa la película, como espectador se entra en una suerte de percepción fascinada e irreflexiva, que tiene que ver con lo inexplicable, lo irracional o sobrenatural.
Por este motivo, creo que es el culto a Rocky Horror Picture Show, el ritual de “Viernes a la media noche en El Malba”, más que la película en sí, lo que me causa disgusto.
Lo anterior no quiere decir que no me resulte, al igual que desagradable, intrigante, el rito “a las 00h00 Rocky en el Malba”, después de 38 años de su estreno.
Por otra parte, es de igual manera interesante, el mecanismo por el cual, el cine y las modas pueden cambiar el paradigma de valor de las cosas y hacerlas pasar de un polo del eje semántico al opuesto.
Ejemplo de lo anterior es que hoy esté de moda ser gay, eco-friendly y tomar agua embotellada. Claro está, lo es para una minoría en un ambiente de grandes ciudades, de clase media, clase media alta. No obstante, como es moda para un grupo, por esta cuestión simplificadora de la postmodernidad, la gente se engancha sin ningún tipo de reflexión.
De esta manera, Rocky Horror, con el pasar del tiempo perdió su contenido y sólo quedó su estética del kitsch-gay cristalizada en forma de culto. Cuyos seguidores, según me han contado, en la boda, antes que Brad Major y Janet Weiss se comprometan, tiran arroz en el cine, o imitan la noche lluviosa con pistolitas de agua, mientras otros se cubren con un periódico su cabeza.
Ahora el film, es un objeto de mercado, una marca, una verdad ex nihilo, que además define a cierto grupo. Es este comportamiento (propio de adolescente confundido) de considerar que banalidades como una película, una banda de rock, un equipo de fútbol o una postura política, te definen como persona, el comportamiento que me desagrada y a la vez entristece. Tanto por las perdidas mentes de freakies y hipsters andróginos con problemas existenciales, como por la película.
Porque aquello del discurso de la película, de la lucha homosexual por la diferencia, de reivindicar algo, no sólo se ha pedido, sino que ha cambiado de polo.
Hay algo en el film de querer aceptar la diferencia y no anularla. Como cuando el doctor travesti Frank-en-Furter se disfraza para tener relaciones sexuales tanto con Janet, como con Brad, quienes descubren su identidad y a pesar de ello, hacen el amor con él. Aceptan la diferencia. Lo cual no sucede cuando un envase iguala a un grupo ante el mercado.
     Por otra parte, casi al final del film, antes de que escapen del castillo que parte hacia el Planeta Transexual, en la Galaxia de Transilvania, la escena de la orgía en la pileta, la utopía literalmente sádica, la verdadera igualdad de género donde somos todos sodomitas, obra en función de evidenciar la imposibilidad de sostener una igualdad al ser todos desiguales y la necesidad de hacernos cargo de nuestros criterios de discriminación, para aceptar la diferencia y lidiar con ella.
Rocky Horror entonces, ya no es un musical que se vale de procedimientos y elementos estereotípicos referentes al cine Clase B de terror (como principal ejemplo el producido por la RKO), para crear un discurso de liberación homosexual. Es un lugar y una hora para encerrarse en un Tupper rosa con letras rojas sangrientas, donde se tolera la homosexualidad porque “es cool ser homosexual o freaky” y no se acepta porque se naturalizó como tendencia.

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