martes, 30 de abril de 2013

TP Cortos: La fiesta de la forma (por Juan E. Tranier, Turno Mañana)

Father and Daughter, Michael Dudok De Wit, 9’, 2000 
Broken Down Film, Osamu Tezuka, 6’, 1985 
Stray Dogs, Richard Kern, 9’, 1985 
Coffe and TV (Blur), Garth Jennings, 6’, 1999 

    
Lo primero que puede decirse acerca de estos cortometrajes es que los une el afán de experimentar, de tensar y de jugar con los aspectos formales del formato y del soporte. Y todos, en mayor o menor medida, directa o indirectamente, plantean o ponen en crisis las convenciones narrativas. Osamu Tezuka, emulando y homenajeando a los viejos largometrajes del periodo mudo, incorpora las fallas y el desgaste de la película a la historia (recordando, de paso, al gran Chuck Jones en Duck Amuck, de 1953 y a otro grande, Tex Avery, en Magical Maestro de 1952); mientras que Richard Kern se propone llevar una narración convencional del tipo persecución, ¿celo? ¿fanatismo? ¿paranoia? ¿desdoblamiento de la personalidad? y enfrentamiento, a terrenos desconocidos, agregando elementos disruptivos, planos y perspectivas distorsionadas, alargando y acortando los tiempos de cada plano de manera que el extrañamiento sea mayor. En Coffe and TV, el videoclip de Blur, el protagonista es una caja de leche en busca de una persona desaparecida, aportando un novedoso punto de vista a los peligros urbanos (vale decir que las múltiples caras de cada una de las cajitas de leche son impagables) y jugando con las perspectivas deformantes que se dan desde la visión de nuestro héroe. Y, finalmente, en Father and Daughter de Michael Dudok De Wit (ganador del Oscar a mejor corto animado en el 2000), la narración es muda y el diseño visual es prácticamente pictórico (por momentos recuerda a las películas de Sylvain Chomet y a los cortos animados de Shigeru Tamura, Phantasmogoria, en forma y contenido), donde una niña es dejada por su padre a orillas de un río mientras éste se embarca en un bote y emprende un viaje con rumbo incierto. 
        Lo segundo que puede decirse acerca de estos cortometrajes es que todos tienen un único protagonista, uno solitario y obsesivo, uno con un objetivo que determina su carácter y su razón de ser, que cuando consiguen su cometido les espera la muerte o, en el mejor de los casos, la soledad. Ejemplo de esto es la cajita de leche que al encontrar al guitarrista perdido cede a su función básica y primigenia, esto es, ser bebida y arrojada a la basura, para luego ir al cielo de las cajitas de leches (?), o el frenético/histérico/neurótico fanático perseguidor de Stray Dogs, que al enfrentar definitivamente a su objeto de obsesión muere desmembrado y desangrado para luego ser retratado por el artista (?!). O, más poéticamente, la hija abandonada, que año tras año fuera al lugar donde su padre partió y que al llegar al ocaso de su vida se reencuentra con él, en un final cargado de emotividad y tristeza. En el caso del cowboy de Tezuka, éste, al salvar a su amada y derrotar al villano, se queda sin más razones para quedarse, tras lo cual, debe marcharse y continuar su rumbo en solitario. 
     Las elecciones estéticas que tomaron los directores para cada corto tienen su correlato y su correspondencia en las historias y, sobretodo, en las personalidades de cada personaje. Por lo tanto, una puesta en escena sucia y un montaje nervioso se corresponde perfectamente con el protagonista de Stray Dogs; una imagen pictórica y lirica acompaña al dramatismo de la hija melancólica en Father and Daughter; una cajita de leche real pero caricaturizada debe hacer frente a los avatares de la “realidad” en el clip de Blur, y un cowboy a la antigua deberá enfrentar los deterioros de la cinta que lo está proyectando en Broken Down Film
   Evidentemente, estamos en presencia de cuatro directores opuestos entre sí, con preocupaciones tan disimiles como sus propuestas, pero que los une el disfrute por narrar historias no convencionales a través de formas sorprendentes y recursos no tan frecuentes. Una verdadera fiesta de la forma. 

martes, 23 de abril de 2013

El bebé de Rosemary: Una Historia de Horror (por Elena Rodríguez, Turno Noche)



         Rosemary’ baby es una obra maestra del terror, afirmando esto sin dudar en caer en ningún lugar común, el film narra con precisión y delicadamente cada momento de la historia.
Ya desde el comienzo de la película observamos una escena idealizada, pero que siempre nos permite encontrar espacios que desentonan,  y nos dejan ver “ese algo”, “eso” que hace visible el lado oscuro, “eso” que se encuentra bajo la alfombra de ese lujoso departamento.
Sobre la superficie el alto nivel de vida de la sociedad newyorquina de la década del 70, poco a poco van dejando paso a lo que se encuentra verdaderamente bajo esas miradas amigables.
El desarrollo de la película la vemos en la transformación  que sufre  el cuerpo de la bella Mía Farrow. Su apariencia se va transformando, además de su embarazo, su decrepitud, su delgadez extrema,  y su palidez mortal son la evidencia de que lo que allí sucede,  no es normal.
Vecinos que por momentos rozan lo grotesco, están permanentemente en un tono muy elevado y hacen ruido,  pero que  están contenidos en el contrato de la película.
En el film se entrecruzan los más puros instintos maternales y  los más perversos  deseos  del mismísimo demonio.
 Se trata de un relato clásico, en el cual la asfixia y la creciente desesperación de la protagonista nos va llevando por un camino de sospechas.
El espacio onírico juega un rol importante y  el fuera de campo contribuye a mantenernos  atentos en un trama inquietante.
Se desprende  de la película una crítica  a la  ya establecida sociedad de consumo,  al individualismo, y hasta la frivolidad de la época.
Mia farrow, Jon Cassavetes y Roman Polansky hacen de este film un cuento que trasciende más allá del espacio fílmico y nos invitan a mirar con más atención que habita allí detrás de las apariencias.

lunes, 22 de abril de 2013

Alta Fidelidad (por Sonia Glas, Turno Mañana)





Alta Fidelidad
High Fidelity, 113´, 2000 (UK, USA)
Dir.: Stephen Frears

     Hacia fines de los '90/principios del nuevo milenio situamos a Rob Gordon (John Cusack en quizás su papel más característico). Un hombre de unos treinta y tantos apasionado por la música, dueño de una tienda de vinilos, que acaba de cortar con su novia y está totalmente devastado. ¿Sus "aliados"? sus empleados (Todd Louiso y Jack Black). Dos tipos que representan ser cada uno la directa antítesis del otro.
Rob le habla a la cámara, nos habla, reflexiona sobre lo que estamos viendo, sobre su pasado y nosotros, receptores-espectadores, somos simples observadores... Pero a la vez el personaje está desarrollado de forma que resulta tan universal al mundo de las relaciones entre personas que nuestra identificación con él es inmediata y segura. Somos él, o lo hemos sido alguna vez en nuestra vida.

   Alta fidelidad es de esas películas que te vuelven un poco niño otra vez. No precisamente debido a que tenga una mirada infantil, ni mucho menos estamos ante una historia destinada a chicos, sino porque dan ganas de ponerla de nuevo y verla una y otra vez, como lo hacíamos con las películas animadas de Disney.
Lo que la vuelve legendaria es la frescura que adquiere el sentimentalismo amoroso visto, sentido, encarnado y explicado desde el punto de vista masculino. (Teniendo en cuenta que usualmente el cine norteamericano se reduce a tratar estos temas desde la perspectiva de la mujer).

   Los ejes de la película son la pasión y la obsesión del protagonista hacia la música y las relaciones amorosas. Estos se entretejen de tal manera que en el mundo del film no puede existir uno sin el otro.
¿Estamos ante una película con un fuerte carácter musical? Claro que sí. No sólo porque nuestro principal escenario es la tienda de vinilos, sino también por toda la serie de personajes secundarios que se relacionan definidamente con la música de una u otra forma. Además del soundtrack exquisito que incluye desde Bob Dylan, Velvet Underground, The Beta Band, hasta un cover interpretado por Jack Black quien se luce en su máximo esplendor; alocado y excéntrico (que podemos gozar a lo largo de todo el film).

    Una vez una amiga me dijo que cuando terminó con su novio veía Alta Fidelidad todos los días. Es que sí, es de esas películas que nos hacen sentir mejor con nosotros mismos. Y después de todo, dentro del mundo humano ¿cuál sería una buena forma de afrontar y sobrellevar la ruptura de una relación significativa?

En Contra: Receta para un film clásico (por Franco C. Orocu, Turno Mañana)



Caballo de Guerra
Warhorse (2011), USA
Dir.: Steven Spielberg

    Anunciada Warhorse y fresco otro episodio de Indiana Jones, partiendo de patrones en la filmografía de Spielberg se podrían hacer varias deducciones.
Siguiendo una línea de pensamiento en que el director viene saldando cuentas con sus raíces, tanto judías (Schindler's ListMunich), como estadounidenses (Saving Private Ryan), era de esperar que la película intentara legitimar la política yanqui, como lo hace Lincoln.
  Luego, teniendo en cuenta Tintin y la analogía que entre Close Encounters y E.T. hace Taruella, es predecible que Warhorse tratara la guerra. Esta vez no a través de los ojos de Hanks, sino desde el punto de vista de un niño.
   Warhorse es una adaptación cinematográfica de una novela. Aunque, basándonos en la actuación, es posible que sea la adaptación de una adaptación para teatro hecha en el 2007, donde lentamente se nos cuenta la historia de un caballo con, literalmente, una gran personalidad, que vive como nadie la primera guerra.
  A lo largo del film, el equino cambia de amo (la mayoría niños que hablan inglés con acento), tanto como cambia de bando. Bandos que logra unir en una de las pocas secuencias de buen cine presentes en la obra.
   La trama nos devela en crescendo la fuerza de este Mr. Ed silencioso, que al igual que todos los animales protagonistas de Spielberg, es casi inmortal. Como el tiburón que sólo es posible liquidar haciéndolo volar con un tanque de oxígeno comprimido, o los dinosaurios que por el ADN en la sangre de un mosquito preservado en ámbar, logran evadir la extinción, destino de este film.
  En la película, la forma es reducida a una bien lograda fórmula. Triste, si se tiene en cuenta la creatividad narrativa de la aún reciente "Munich". Creatividad en Warhorse sólo apreciable en los momentos de batalla.
   Inclusive, la iluminación de Kaminski, con sus fundamentados contrastes lumínicos, trabajo con la penumbra, fuentes de luz en plano y mezclas de temperaturas-color como marca de estilo, baja al estatus de una copia a si mismo, donde el contenido queda en sombra con un estético contraluz.
  Con respecto a la banda sonora, lamentablemente el desempeño de John Williams es poco sobresaliente, intrazable y dentro del promedio requerido por la industria.
  Así, de nuevo Spielberg prueba ser el más clásico de los movie-bratz. Considerables tanto Warhorse como Lincoln homenajes al cine de Griffith. Un director que casi 100 años atrás, narró de manera más ingeniosa el asesinato de Lincoln en manos de John Wilkes Booth.
 “SIC SEMPER TYRANNIS!”

jueves, 18 de abril de 2013

En Contra: A Mitad de Camino (por Paula De Giacomi, Turno Mañana)







Rodney, 98 ´, 2009 (Argentina)
Dir.: Diego Rafecas


     La película Rodney, de Diego Rafecas, comienza con una imagen del mar y la voz en off de un chico que nos pregunta: “¿Que pasaría si supieras que nunca vas a morir... si supieras que esto no termina acá, que venimos muchas veces y nos olvidamos cada vez que venimos?”

    A continuación, y con un movimiento suave de la cámara, le sigue otra escena: un cementerio.
Luego vemos la cara de Camilo (el protagonista) que con sus escasos trece años parece pasar la mayor cantidad de su tiempo pensando en la reencarnación y el sentido de la vida, en vez de jugar a la Playstation o entretenerse sacándose fotos para el perfil de su Facebook, como cualquier mortal de su edad.

  Una cantidad de personajes lo acompañan: su madre, quien drásticamente termina incendiando su habitación mientras dibuja grafittis sin sentido sobre una pared; su padre (encarnado pésimamente en el propio Rafecas) un budista seudo delincuente preocupado por la política internacional y la ecología. También (como si esto fuera poco) Camilo tiene una tía adicta a la heroína, que no puede pasar mas de cinco minutos sin inyectarse en cualquier rincón y además, otra tía ultra católica, casi mística.

  Todo es absurdo, pero no del bueno. Esta película intenta ser una drama, con cierto aire de comedia, dentro de un contexto urbano y con un toque marginal. Pero como dice el título de este (humilde) texto todo queda a mitad de camino...

 Rodney no es una película profunda como asomaba en los primeros minutos, no es una comedia porque no logró salir de mi boca ni siquiera una leve sonrisa, no es un drama porque no pude conectarme ni sentir empatía con ninguno de los personajes y no es una tragedia, a pesar de que murieran en menos de cinco segundos tres personajes al hilo. Es una hibridez pretenciosa y recargada (¿hay algo peor que eso?).

  Lo único destacable (para que los “palos” no duelan tanto) es la circularidad del comienzo y del final: la película cierra con una secuencia que va del cielo al cementerio, donde luego la cámara  sale de sus muros para focalizarse en la calle, frente al clásico bar Rodney, como si aquellos muertos nos estuvieran espiando desde sus lápidas.
Esta circularidad podría haber sido interesante para un cortometraje, por ejemplo y todo lo que sucede en el medio, para una novela adolescente de las tres de la tarde, pagada por algún canal de televisión.

En Contra: Cine contra cine, o como Ben Stiller me arruinó un visionado (por Pablo Martinez, Turno Mañana).


Pelotón.
Platoon, 120´, 1986 (UK, USA)
Dir.: Oliver Stone

    El cine es, a pesar del contexto histórico que lo acompaña como a toda obra de arte, atemporal en cierto punto. Es por eso que muchas veces, inevitablemente uno se topa con una pieza que, por su antigüedad, quizás llegó tarde respecto a otra. En el caso de Platoon, de Oliver Stone, llegó bastante más tarde a mi vida que el magistral blockbuster Tropic Thunder, de Ben Stiller, que funciona como un ejercicio –un poco crítico, un poco parodia- de revisión al género bélico en una industria hollywoodense a la que desde los 80 se le empezaron a ver los hilos.
  En la mencionada década, Hollywood, encima de la mano de directores que más tarde se consagrarían con honores, tuvo la necesidad de retratar la mayor frustración de su país en cuanto a conflictos armados, como si de una nueva Ilíada se tratara. Y en esa extraña búsqueda de un nuevo Homero, corriendo el año 1986, la endemoniada historia de Vietnam cayó en manos de Stone. 22 años después, Stiller destrozaría esa meta (para bien) mostrando los excesos de esas producciones. Básicamente, en Tropic Thunder, Stiller escupe sobre los cuatro Oscars que obtuvo Platoon, y redefine el concepto de parodia con una obra tan o más ambiciosa que su víctima. 
  Cuando uno se topa con un cine así, en el contraste y la comparación, indefectiblemente se altera la mirada. Stiller, quizás adrede, quizás sin querer, no dimensionará jamás el daño que le hizo (insisto, para bien) a un film como Platoon, quizás de lo más sobrevalorado en la historia de Hollywood.
  Es que resulta imposible querer a tantos estereotipos puestos en un mismo guión. Imposible querer una historia moralista y falsamente autocrítica, donde una molesta voz en off nos quiere guiar en ese periplo de conciencia humanizadora, mientras una espantosa y melodramática banda sonora hace aún más edulcorado un producto que desborda sobreactuaciones y pirotecnia de cuarta. Ahora imaginen lidiar con todo eso, después de haber visto Tropic Thunder.

En Contra: El triunfo de Hollywood o la banalización de la realidad (por Luis Sidicaro, Turno Noche)



Argo, 120´, 2012, (USA) 
Dir.: Ben Affleck

     Si Argo fuese simplemente una pelicula de acción diría que es buena. Con muchos lugares comunes, con un fin previsible, pero entretenida y bien hecha.
    Pero Argo se basa en un hecho real: el rescate de 6 rehenes estadounidenses en Iran, en 1980 despues de la caida del sha apoyado por EE.UU y durante la primera parte del gobierno de Jomeini.
   Y al replicar este espisodio, la pelicula hará que el espectador no podrá diferenciar las sensaciones de algo cercano a la realidad de   las sensaciones  trucadas que le transmite el film.
   Si la realidad supera a la ficción, la de este film la transfigura en  creible pero casi  ilusoria, no porque sea falsa sino porque se regodea en su propia maestría.
 Porque el film transmite que hay un Héroe (en realidad lo hubo, pero ¿habrá sido tan “cinematografico”?), muestra a iraníes  que vociferean como los soldados alemanes o japoneses en las peliculas belicas de la segunda guerra mundial (quizas los haya habido,pero ¿habran sido tan estereotipados?), hay jefes tozudos que obstaculizan al héroe, hay rehenes escondidos, huidas finales aereas con persecuciones …(al final todos se salvan, pero eso se sabe desde el principio), y todo bien armado y de alta precisión.

   Realidad y cine  se mezcan de tal manera que embaucan la mente del espectador, corroen su capacidad de percibir el real impacto de lo real. Siempre la imagen mediatizará el contacto con la realidad, pero el peligro esta en destruir la herramienta con la que percibimos : nuestra inteligencia y nuestra emocion. El espectador es engatusado por el ilusionista, así como Irán lo fue por la CIA y por Hollywood..

  Vayan, a manera de cierre, algunas frases de Jean Baudrillard que vienen al caso.
“Los Ángeles (…) no es más que un inmenso escenario y un travelling perpetuo, tiene necesidad del viejo recurso imaginario hecho de signos infantiles y de espejismos trucados.”
  “La guerra, y con ella también(…), los generales,los expertos, los presentadores de televisión, a los que vemos especulando sobre ella interminablemente (…)se contempla en el espejo : ¿soy suficientemente hermosa, soy suficientemente espectacular, soy suficientemente sofisticada para salir a escena históricamente?”

Por lo visto Argo lo ha sido: ha ganado el Oscar.

miércoles, 17 de abril de 2013

Cinco minutos magistrales que la convierten en una gran obra (por Eugenia Lelli, Turno Noche)



Expiación, deseo y pecado.
Atonement, 123´. 2007 (UK, Francia, Usa)
Dir.: Joe Wright 


    Para la secuencia de Dunkerque, un largo plano-secuencia de cinco minutos rodada en la playa de Redcar (Francia), el director Joe Wright decidió filmar sin cortes en una sola toma con steadicam. Si tenemos en cuenta que esta secuencia incluye a 2 mil extras sumado a decorados realmente espectaculares, edificios bombardeados, un enorme barco varado, un coro cantando, soldados montados en purasangres cruzando la escena y un grupo de hombres jugando al fútbol, sólo puede decirse que era una osada decisión.

    Wright repite el recurso que da inicio a Orgullo y Prejuicio (2005) pero que en esta obra lleva hasta el extremo artístico y lo convierte en uno de los mejores planos secuencia de la historia del cine (rindiendo tributo a El Arca Rusa-2002- ).

    La música, paso a paso, sube y adentra al espectador al momento. Una visión apocalíptica del mundo y el rostro del protagonista derrumbándose ante la situación. El movimiento nos conduce por la escena con una suavidad casi imperceptible que torna la película hacia un plano más oscuro y que anuncia la llegada del fin.

    Si bien el resto del relato no vuelve a alcanzar semejante cima artística, la película hace un retrato demoledor sobre la culpa y el azar, sobre cómo los celos de una adolescente, un error insignificante, un acto de cobardía y un simple malentendido pueden cambiar para siempre la vida de dos personas.

martes, 16 de abril de 2013

En Contra: El Ejemplo de la Remake Frustrada (por Eugenia Lelli, Turno Noche)





Vanilla Sky, 2001, 136, USA
Dir.: Cameron Crowe

     Vanilla Sky de Cameron Crowe es una remake. Hay dos caminos que tomar a la hora de embarcarse en este tipo de proyectos. O se genera algo totalmente nuevo o se pierde en la imitación. Aún así, una simple renovación de los personajes y otro detallito cambiado aquí o allá puede terminar en un desastre total. Y Vanilla Sky es ese caso.

      Abre tus Ojos de Alejandro Amenabar es una película hispano-franco-italiana de 1997, protagonizada por Eduardo Noriega y Penélope Cruz. En ella se cuenta la historia de César, un chico guapo y rico al que le gustan mucho las mujeres pero muy poco el compromiso. Sin embargo en la fiesta de su cumpleaños se enamora de Sofía. Pero una antigua amante de César, movida por los celos, provoca un accidente de coche en el que ella fallece y César queda completamente desfigurado. A partir de ese momento su vida cambia por completo, convirtiéndose en una horrible pesadilla.

     En Abre los Ojos, la trama, las interpretaciones y la música (compuesta también por Amenábar) crean una atmésfera que, en todo momento, armoniza con la historia con tono de intriga, una dosis de romance y un toque de drama hasta ese desconcertante final de ciencia ficción. En Vanilla Sky, utilizando los mismos diálogos absolutamente calcados, se prescinde de todo lo mencionado en la anterior. En la versión de Crowe, esta tragedia romántica se endulza hasta el empalago, expulsando toda credibilidad como si en el universo personal de Tom Cruise no pudiera existir la tristeza del desamor. La intriga, protagonista de la obra española, brilla por su ausencia y es suplantada por una versión que en ciertos momentos se asemeja más a la comedia. E incluso el personaje de Penélope Cruz (Sofía), siendo el mismo en ambas cintas y repitiendo casi los mismos diálogos, se ve completamente diferente en las dos versiones. Ni si quiera una de las escenas más recordadas de Abre los Ojos conserva todo el encanto de la escena original. Aquella Gran Vía vacía es desfigurada en su versión americana, con esa Quinta Avenida neoyorkina llena de luces y con un Cruise (estereotipo del orgullo yanqui) levantando los brazos al cielo.

    Las escenas más intrigantes de Abre los Ojos pierden todo su encanto en el remake, convirtiendo a Vanilla Sky en el ejemplo de lo que pasa cuando ese monstruo llamado Hollywood toma lo que no le pertenece.

En Contra: DESLUCIDAS ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL (por Hernán Cortés, Turno Noche)


Matrimonio, 2013, 85, Argentina.
Dir.: Carlos Jaureguialzo


       Título ambicioso para una película que cuenta con dos pesos pesados en el elenco, pero las expectativas se quedan a mitad de camino. Matrimonio es un nuevo film sobre la crisis de la mediana edad que poco aporta. Básicamente, aborda un día en la vida de la pareja compuesta por Esteban (Darío Grandinetti), un neurótico publicista que sufre un bloqueo creativo, soporta los retos de su madre e imagina que su mujer lo engaña, y  Moly (Cecilia Roth), una compositora depresiva que efectivamente tiene una aventura, pero ni sabe por qué. En la trama no pasa demasiado, pero dentro de las mentes de los protagonistas parece ocurrir de todo.
    Si bien Esteban y Moly son dos cincuentones que, mas que quererse, se soportan, y que su única hija vive en el exterior, no estamos ante otra El nido vacío, película que justamente había protagonizado Roth. Aquí las acciones van en paralelo, con una deslucida -y poco original- estructura coral, desde que se despiertan hasta la noche. Por un lado, Esteban acude al entierro de un familiar lejano, pero está mas preocupado por encontrar un jingle que acompañe la publicidad de un perfume. Moly, por su parte, tarda en salir de la cama, intenta comunicarse vía skype con su hija y no decide si encontrarse o no con su amante.
    Finalmente, y de una manera que no conviene revelar, las historias se terminarán cruzando. Hay que destacar que, a pesar de la chatura del guión, la pareja actoral da todo de sí, como era de imaginar. Pero eso no impide que el resultado final tenga sabor a poco.

lunes, 15 de abril de 2013

En Contra: Colisión de Mundos (Juan Tranier, Turno Mañana)




Las Aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio
The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011, 107’, USA
Dir. Steven Spielberg



La creación de George Remi (alias Hergé) Tintín, pertenece a otra época, a otro mundo, a otra forma de entender al entretenimiento y el arte de la narrativa. A un mundo más “clásico” si se quiere. Donde la parsimonia es central, entendiendo a la parsimonia como aquella cualidad que está asociada a la templanza, al equilibrio y a la moderación.

Inevitablemente, Steven Spielberg y su troupe (entre ellos Peter Jackson en la producción y el batallón de guionistas Edgar Wrigt, Joe Cornish y Steven Moffat: todos monstruos) forman parte de un mundo más “moderno”. Un mundo donde parecieran entender que vértigo es sinónimo de velocidad, que dinámica es atropello y que la sumatoria de las partes da por resultado un producto acabado y divertido. Y si, tal vez haya algo de verdad en esto, pero también da una obra fría y olvidable.

El bombardeo de imágenes y el ritmo frenético de la película crean una ilusión, una fantasía, y literalmente estamos viendo eso, solo eso, la superficie, no hay nada detrás. Supongo que justamente por esta razón es que el motion-capture funciona ideológicamente aquí: porque no estamos viendo gente de verdad, estamos viendo un símil gente, parecen reales pero no, ahí están esos ojos fríos y sin vida para demostrarlo. El motion-capture es una técnica destinada a ser olvidada, no tiene razón de ser la idea de recrear digitalmente algo real (habrán visto los horrorosos experimentos de Robert Zemeckis, Beowulf y El Expreso Polar). Pero salvando ese “acierto” (aunque no sé qué tan consciente fue esa decisión o si fue un capricho para insuflarle vida a esta técnica moribunda), Spielberg no da pie con bola y lo único que hace en el film es una escalada de espectacularidad vacía (aunque, nobleza obliga, el plano secuencia final es impresionante), llegando a ese ridículo clímax donde ¡dos grúas! se baten a duelo. Tampoco parece terminar de entender la naturaleza y la esencia de Tintín, lo filma como si fuera Indiana Jones, lo cual es entendible, ya que ambos comparten mundos similares pero, indefectiblemente, son diferentes conceptualmente. 

En Contra: Demasiadas Pistas (Sebastián Vivarelli, Turno Noche)



Días de vinilo / 2012 / Gabriel Nesci

     Si esta película fuese un vinilo, al escucharlo notaríamos su falta de sorpresa, su condición de producto con escasa personalidad. Esta comedia romántica ambientada en Buenos Aires y dirigida por Gabriel Nesci (Todos contra Juan)  narra la vida de cuatro amigos de toda la vida –treintañeros ellos- cuya relación se apoya en estos tópicos: música, amistad, mujeres y la nostalgia por todo tiempo pasado.

     Damián (Gastón Pauls) es guionista. Olvida su único guión en un videoclub de barrio. Vera (Inés Efrón) lo encuentra por accidente y al contactar a Damián para devolvérselo cambiará su rutinaria vida por completo.

    Facundo (Rafael Spregelburd) es compositor de jingles. Está a punto de contraer matrimonio, a la vez que es seducido por la ex novia de su amigo Luciano. Situación que lo obligará a replantear su relación y los valores de la amistad.
Luciano (Fernán Mirás) es conductor de un programa de radio. Su ex-novia Lila (Emilia Attias), compone un tema que desnudará y hará públicos sus defectos. La alta repercusión del mismo generará en Luciano la pérdida de audición.

    Marcelo (Ignacio Toselli) es líder de una banda tributo a Los Beatles. Si bien la misma (en clara alusión al efecto Yoko Ono sobre los de Liverpool) ha acordado no tener novias, Marcelo se enamorará de una chica colombiana recién arribada a la Argentina.

    ¿Dónde hace aguas la película? En supuestos guiños y situaciones que pretenden ser inteligentes o graciosas pero que se tornan previsibles, poco creíbles, sumado a actuaciones poco convincentes. Algunos ejemplos: la banda de Marcelo, llamada The Hitles, es presentada en los shows como The Hitlers, “gag” que se repite en más de una ocasión. La novia colombiana de Marcelo, presenta rasgos marcadamente orientales, solución bastante burda y literal para remitir a Yoko Ono. Luciano, víctima de la sordera, grita en forma desmesurada cada vez que habla (¿nadie reparó en que los demás sí escuchan y no debe levantar la voz todo el tiempo?).

    Esto, sumado a un ritmo de narración que presenta baches y situaciones que van perdiendo frescura, decanta en un film que se queda a mitad de camino entre la idea inicial y el resultado final. Si esta película fuese un vinilo raramente resistiría una segunda escucha.

Tabú: Que haya...pero que no se note (por Luis Sidicaro, Turno Mañana).






     Tabú(1998)  fue la ultima película de Nagisa Oshima 

    ¿Cuál es el significado social del tabú al que se refiere el film?


   Kano tiene 18 años .  Su rostro y postura  mezclan la  candidez con la seducción y su  entrada en un grupo de samuráis despierta fantasías homosexuales en muchos de sus compañeros.

  Este grupo ya conocía las consecuencias que habían tenido sobre su desempeño  el no haber controlado suficientemente su impulsos. Su Comandante dice “La lujuria invadió las tropas durante el incidente de Ikedaya, no debe suceder nuevamente”. Así como el tabú del incesto regula la conducta de una familia para que los celos y las atracciones recíprocas  no la destruyan, es probable que dentro de la milicia hubiesen ciertas conductas homosexuales permitidas implícitamente y otras prohibidas.

  Si los impulsos saliesen fuera de los canales instituidos aparecería el peligro: “los celos entre hombres son algo horrible”.”El amor de un hombre puede ser la perdición de un samurai” ,dice uno de los personajes.

  Inevitablemente Kano tendrá  que morir:” era demasiado hermoso… Fue poseído por un demonio”, dice uno de los protagonistas.

  Como en una tragedia griega la película nos muestra la inevitabilidad de una muerte por la  necesidad del grupo de preservar su cohesión matando al objeto de deseo.

   Los sobrevivientes quedan atados por un joven sacrificado.

   La homosexualidad puede continuar, pero sin desbordes

Rushomore (por Franco Orocu, Turno Mañana)




Rushmore, en 1294 caracteres con espacios, o Quién soy vs. Quién creo/quiero ser.

     Max Fischer (Jason Schwartzman), resuelve el problema de geometría más difícil del mundo. Es elogiado por sus compañeros, que en hombros lo alzan y en coro gritan su nombre. Luego, despierta en la primera fila de la capilla del secundario Rushmore, en el cual es becado. A su lado, su secuaz (porque todo superhéroe necesita un secuaz), al menos 4 años menor que él y 3 cabezas más bajo.

    Rushmore es el segundo largometraje dirigido por Anderson y escrito con colaboración de Owen Wilson, excompañero de facultad y uno de sus tantos actores fetiche.

  No cabe duda alguna, que este film marca un punto de partida, o de origen, a la muy estilizada obra de Wes Anderson, con caras recurrentes, canciones de los Rolling Stones y problemas familiares. Un universo posible de ver sólo a 48 cuadros por segundo y a través de un lente angular.

   La película, nos presenta a un chico cuya visión del mundo y él mismo no es congruente con su clase social, entorno, intelecto o edad. Expectativas, sólo proporcionales a su inmensa personalidad. Carisma que logra afectar de manera decisiva la solitaria y destruida vida de Mr. Blume, un empresario millonario (en una gran interpretación de Bill Murray) y llenar por completo un teatro.

  Sin embargo, a pesar de todo esto, salva el latín y obtiene a la chica.

Alta Fidelidad: Cosa de Hombres (por Hernán Cortés, Turno Noche).


     

     Alta fidelidad no le escapa al paradigma en el que cae la mayoría de las películas basadas en libros: la novela homónima de Nick Hornby es superior. ¿Cómo trasladar al cine la neurosis de Rob, un melómano de cuarenta y pico al que acaba de dejar su pareja? Pero lo que se pierde en literatura –los monólogos interiores del protagonista son geniales– se gana en música, un elemento para nada menor. Ahí sí sale mucho mejor parado el film.

     Interpretado por John Cusack, Rob parece condenado al fracaso: es dueño de una disquería cuyas ventas no son las mejores, sus únicos amigos son dos empleados aún más freaks que él y, como decíamos, se separa de Laura, su relación más sería hasta el momento. Aficionado a aquellas listas de discos y canciones que publican algunas revistas (del tipo “Las 10 mejores canciones para un corazón roto”), Rob hace un repaso por su propia vida amorosa, confeccionando un “top five” de noviazgos pasados y recurriendo a las susodichas para ver en qué pudo fallar. En el medio de esa retrospectiva sigue presente la figura de Laura, que no duda en llamarlo cada vez que tiene un problema con su familia o su nuevo novio.

    De filmarse una remake en nuestro país, es inevitable imaginar a Daniel Hendler encabezando el elenco.

     Los personajes secundarios son muy logrados, especialmente los ayudantes de Rob: para Dick (Todd Lousio), un gran fin de semana es haber encontrado un pirata de Green Day, y Barry (un hilarante Jack Black) es capaz de echar a un cliente por intentar comprar un disco que él considere una basura.

    Alta Fidelidad cuenta con una banda sonora que es una delicia para los oídos. Se escucha a Al Green, a Elvis Costello, a The Velvet Underground y hasta a los históricos 13 Floor Elevators, entre muchísimos otros. Para Rob –y para tantos hombres–, la música resulta un bálsamo para superar sus traumas amorosos. Ellas no estarán, pero siempre nos quedarán los discos.

Paranoid Park (por Lucas Loscerbo, Turno Noche).




       Paranoid Park, basada en la novela homónima de Blake Nelson, es una de esas películas que ,ya sea por su ritmo, a veces, cansino o por que rompe con la estructura narrativa tradicional, dividen al publico : están los que la tildan de bodrio y los que la consideran una obra maestra.
El director Gus van  Sant (el mismo de la interesante Elephant), logra introducirnos en los sentimientos y en los pensamientos de Alex, a través de numerosos primeros planos, y  nos permite apreciar  la transformación que sufre el protagonista, luego del accidente en el que se ve involucrado, donde muere un guardia ferroviario.
        Se podrá reprochar que una parte del film esta plagada de silencios, pero yo creo que ese silencio esta ahí por algo, allí esta los pequeños detalles que nos acercan al porqué de los hechos sucedidos.
 Gabe Nevins protagoniza esta brillante cinta, en algunas partes de forma inexpresiva y en otras de manera sorprendente, como en la destacable escena de esa ducha eterna, donde podemos percibir todas las emociones por las que pasa.

Scott Pilgrim vs. The Word (por Santiago Gonzalez, Turno Noche).




          Basada en una novela gráfica que consta de seis tomos, a esta adaptación cinematográfica lo mejor que le pudo pasar es haber caído en manos de Edgar Wright, un director que conoce sobre cómics y que tiene  una pasión por filmar y una potencia visual envidiable que ya se podía  ver en sus dos anteriores largometrajes (Shaun of the dead y Hot Fuzz) y que  acá va a perfecta para construir el mundo de Scott Pilgrim pero lamentablemente hay un problema :  Y es  que es tan grande el fanatismo de Wright por la historia que la filma literalmente y por mas loca o extraña que parezca en realidad está encerrada en sí misma, en su propio universo.  Afortunadamente  ahí  esta Michael Cera, un actor que tiene un timing preciso para la comedia alocada y que no es la persona que uno piensa cuando se imagina al personaje de Scott Pilgrim, lo que hace que primero uno se incomode por su elección y luego aplauda por romper con esa imagen tan literal de la novela grafica a favor de alguien que sepa moverse por el universo creado por Wright. No es el único que va mas allá de su personaje, Mary Elizabeth Winstead que es el objeto de deseo de Scott Pilgrim y por la cual debe pelear contra sus siete ex novios diabólicos, parece más sacada de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) que de su fuente original.  Además de ellos dos, el otro actor que va mas allá y que inclusive se roba todas las escenas donde aparece es Kieran Culkin, haciendo del compañero de cuarto gay, que pareciera estar disfrutando mucho del personaje, y esto es lo  que hace realmente grande a este film: los actores dan la sensación de estar disfrutando realmente de sus personajes y esto termina viéndose reflejada en la dirección de Wright que por más literal que sea aun así no se le puede negar que es un apasionado por lo que hace y que lo disfruta a diferencia de otros artesanos sin alma y sin pasión.

domingo, 14 de abril de 2013

Crítica en Contra: Scary Movie: Una comedia realmente de terror (por Lucas Loscerbo, Turno Noche)




       Voy a empezar aclarando  que si hay  algo que no me gusta del cine, son las parodias, no le encuentro la gracia a hacer una película burlándose de otra durante más de una hora. Así y todo, en esta crítica, trataré de ser lo mas objetivo posible (si es que realmente existe la objetividad). En  Scary movie, los hermanos Wayans (directores y “guionistas” de esta parodia y otras tantas) intentan ridiculizar a las slasher movies  de los años 90, como lo son Scream y Sé lo que hiciste el verano pasado, y el principal problema está en que, en ese intento, le brindan al espectador una sucesión de gags estúpidos que pocas veces pueden provocar risas y así lo único que logran es quedar  en ridículo ellos. Admito que esbocé una sonrisa cuando el policía muestra las fotos en ropa interior y que  en ciertas ocasiones  pueda resultar graciosa la  interpretación de Doofy, un Dewey todavía más torpe de lo que ya era, pero nada más.
   No quiero  dejar de mencionar en este texto a Scream 4, ¿qué mejor que uno para reírse de uno mismo? La ultima parte, hasta ahora, de la saga creada por Wes Craven, también tiene momentos de sátira, pero el resultado es distinto, por que quien lo realiza tiene mayor conocimiento de lo que hace y además detrás de eso hay, le guste o no a la familia Wayans, una historia , un guión elaborado .

       A pesar de todo lo dicho anteriormente, estoy al tanto del éxito de taquilla de Scary Movie pero no entiendo el porqué, no encuentro el encanto que le atribuye, sobre todo el público adolescente.

     Este tipo de films, la mayoría de las veces vienen acompañados por la actriz Anna Faris, quien se acaba de bajar de Scary Movie 5, manifestando su deseo de interpretar papeles más serios, ¡ya era hora!

Up in the Air: La Distancia que nos relaciona (por Pablo Martínez, Turno Mañana)




       Como en toda su filmografía, Jason Reitman repite su originalidad y propuesta de climas que se vuelven todo un personaje aparte en Up in the air, quizás el referente más sobrio de su corta pero interesantísima carrera. La ironía en los pasajes de comedia y la frialdad con la que sus personajes viven frente a cámara, hacen aún más atractivo este genial filme con corte indie, como ya es habitual en Reitman hijo.

     Protagonizada excelentemente por George Clooney, la película cuenta  la historia de un agente de despidos que llama “hogar” a sus eternos viajes en avión y es alérgico al matrimonio y el sueño americano. A partir del arribo de un personaje mucho más joven, se exponen, no sin elementos dramáticos, las diferencias generacionales en cuanto al uso de la tecnología tanto para las relaciones sociales como laborales. Todo en un panorama estadounidense de post-recesión 2007 retratado y caracterizado formidablemente.

      El tridente conformado por Clooney, Vera Farmiga y Anna Kendrick hacen no sólo que los personajes se vean de carne y hueso, sino también que logren grandes momentos llenos de un excelente timing y diálogos cargados de crítica social.

Crimen Ferpecto: La muertes está de oferta (por Paula De Giacomi, Turno Mañana)


        


             Si hay alguien capaz de mezclar  un “casanova” en decadencia, el triunfo de una fea sin escrúpulos, slogans publicitarios, la cabeza de un muerto (atravesada por un hacha) hablando sobre un mostrador y un detective visco (todo impregnado con un aire de sarcasmo) es el gran Alex de la Iglesia.
        Crimen Ferpecto nos muestra la caída de Rafael, un seudo-galán convencido de ser la perfección hecha hombre, y el ascenso de Lourdes, una mujer poco agraciada y kitsch en su máxima expresión, quien (fea pero no tonta) se las ingenia para atrapar a Rafael y convertirlo en su esclavo; sin dejar de mencionar un pequeño detalle: un crimen.
           
        La película, que no deja de ser una crítica a la sociedad actual: compulsivamente consumista, competitiva, devota del éxito y las apariencias, nos deja la sensación (una vez que calman las risas) que quizás no estemos tan lejos de convertirnos en esos maniquíes huecos y de plástico que vemos en las vidrieras y el absurdo (que nos distanciaba de semejantes personajes) comienza a sentirse cada vez mas cotidiano.
            
        Quién sabe, quizás para el próximo verano 2014 nos estemos pisando las cabeza para comprar las “narices de payasos”, al mejor precio de liquidación.