Basada en una novela gráfica que consta
de seis tomos, a esta adaptación cinematográfica lo mejor que le pudo pasar es
haber caído en manos de Edgar Wright, un director que conoce sobre cómics y que
tiene una pasión por filmar y una
potencia visual envidiable que ya se podía
ver en sus dos anteriores largometrajes (Shaun of the dead y Hot Fuzz)
y que acá va a perfecta para construir
el mundo de Scott Pilgrim pero
lamentablemente hay un problema : Y es que es tan grande el fanatismo de Wright por
la historia que la filma literalmente y por mas loca o extraña que parezca en
realidad está encerrada en sí misma, en su propio universo. Afortunadamente ahí
esta Michael Cera, un actor que tiene un timing preciso para la comedia alocada y que no es la persona que
uno piensa cuando se imagina al personaje de Scott Pilgrim, lo que hace que
primero uno se incomode por su elección y luego aplauda por romper con esa
imagen tan literal de la novela grafica a favor de alguien que sepa moverse por
el universo creado por Wright. No es el único que va mas allá de su personaje, Mary
Elizabeth Winstead que es el objeto de deseo de Scott Pilgrim y por la cual
debe pelear contra sus siete ex novios diabólicos, parece más sacada de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
(2004) que de su fuente original. Además
de ellos dos, el otro actor que va mas allá y que inclusive se roba todas las
escenas donde aparece es Kieran Culkin, haciendo del compañero de cuarto gay,
que pareciera estar disfrutando mucho del personaje, y esto es lo que hace realmente grande a este film: los actores
dan la sensación de estar disfrutando realmente de sus personajes y esto
termina viéndose reflejada en la dirección de Wright que por más literal que
sea aun así no se le puede negar que es un apasionado por lo que hace y que lo
disfruta a diferencia de otros artesanos sin alma y sin pasión.

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