martes, 30 de abril de 2013

TP Cortos: La fiesta de la forma (por Juan E. Tranier, Turno Mañana)

Father and Daughter, Michael Dudok De Wit, 9’, 2000 
Broken Down Film, Osamu Tezuka, 6’, 1985 
Stray Dogs, Richard Kern, 9’, 1985 
Coffe and TV (Blur), Garth Jennings, 6’, 1999 

    
Lo primero que puede decirse acerca de estos cortometrajes es que los une el afán de experimentar, de tensar y de jugar con los aspectos formales del formato y del soporte. Y todos, en mayor o menor medida, directa o indirectamente, plantean o ponen en crisis las convenciones narrativas. Osamu Tezuka, emulando y homenajeando a los viejos largometrajes del periodo mudo, incorpora las fallas y el desgaste de la película a la historia (recordando, de paso, al gran Chuck Jones en Duck Amuck, de 1953 y a otro grande, Tex Avery, en Magical Maestro de 1952); mientras que Richard Kern se propone llevar una narración convencional del tipo persecución, ¿celo? ¿fanatismo? ¿paranoia? ¿desdoblamiento de la personalidad? y enfrentamiento, a terrenos desconocidos, agregando elementos disruptivos, planos y perspectivas distorsionadas, alargando y acortando los tiempos de cada plano de manera que el extrañamiento sea mayor. En Coffe and TV, el videoclip de Blur, el protagonista es una caja de leche en busca de una persona desaparecida, aportando un novedoso punto de vista a los peligros urbanos (vale decir que las múltiples caras de cada una de las cajitas de leche son impagables) y jugando con las perspectivas deformantes que se dan desde la visión de nuestro héroe. Y, finalmente, en Father and Daughter de Michael Dudok De Wit (ganador del Oscar a mejor corto animado en el 2000), la narración es muda y el diseño visual es prácticamente pictórico (por momentos recuerda a las películas de Sylvain Chomet y a los cortos animados de Shigeru Tamura, Phantasmogoria, en forma y contenido), donde una niña es dejada por su padre a orillas de un río mientras éste se embarca en un bote y emprende un viaje con rumbo incierto. 
        Lo segundo que puede decirse acerca de estos cortometrajes es que todos tienen un único protagonista, uno solitario y obsesivo, uno con un objetivo que determina su carácter y su razón de ser, que cuando consiguen su cometido les espera la muerte o, en el mejor de los casos, la soledad. Ejemplo de esto es la cajita de leche que al encontrar al guitarrista perdido cede a su función básica y primigenia, esto es, ser bebida y arrojada a la basura, para luego ir al cielo de las cajitas de leches (?), o el frenético/histérico/neurótico fanático perseguidor de Stray Dogs, que al enfrentar definitivamente a su objeto de obsesión muere desmembrado y desangrado para luego ser retratado por el artista (?!). O, más poéticamente, la hija abandonada, que año tras año fuera al lugar donde su padre partió y que al llegar al ocaso de su vida se reencuentra con él, en un final cargado de emotividad y tristeza. En el caso del cowboy de Tezuka, éste, al salvar a su amada y derrotar al villano, se queda sin más razones para quedarse, tras lo cual, debe marcharse y continuar su rumbo en solitario. 
     Las elecciones estéticas que tomaron los directores para cada corto tienen su correlato y su correspondencia en las historias y, sobretodo, en las personalidades de cada personaje. Por lo tanto, una puesta en escena sucia y un montaje nervioso se corresponde perfectamente con el protagonista de Stray Dogs; una imagen pictórica y lirica acompaña al dramatismo de la hija melancólica en Father and Daughter; una cajita de leche real pero caricaturizada debe hacer frente a los avatares de la “realidad” en el clip de Blur, y un cowboy a la antigua deberá enfrentar los deterioros de la cinta que lo está proyectando en Broken Down Film
   Evidentemente, estamos en presencia de cuatro directores opuestos entre sí, con preocupaciones tan disimiles como sus propuestas, pero que los une el disfrute por narrar historias no convencionales a través de formas sorprendentes y recursos no tan frecuentes. Una verdadera fiesta de la forma. 

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