Dogma es
la cuarta película de Kevin Smith, un director que ostenta, como muchos otros, ser
el creador de un universo particular: toda su obra parece estar signada por un
lenguaje, personajes, situaciones y lugares geográficos específicos. Puede
decirse que Smith centra sus historias en personas normales a las que les pasan
cosas extraordinarias, relación que se da en Dogma, pero eso es lo mínimo que
podría decirse de ella.
La
situación se presenta de esta forma: por un lado hay dos ángeles que tienen la
oportunidad de volver al cielo, de donde los echaron a través de un vericueto
legal bíblico; por otro, una doctora de una clínica de abortos que se encuentra
en una crisis de fe… y en el medio, la hecatombe.
Nada debería estar librado al azar si se plantea hacer una comedia que abarque una temática tan sensible como lo es el catolicismo, y en Dogma no se falla en eso: más allá de los –esperados- diálogos plagados de insultos e ingenio y de los personajes que asombran por su elocuencia, vamos presenciando una historia que aunque a simple vista no lo parezca, tiene mucho sentido. Y esto es porque Smith no toma una postura irreverente, si no que hace una película crítica desde la visión de un católico, que se cuestiona su religión y se pregunta con amor. Con amor y humor.
En Dogma se ven expuestos muchos de los interrogantes que surgen al querer racionalizar “La Biblia” y los personajes intentan dilucidarlos representando de alguna manera a la inmensa cantidad de feligreses que ya no aceptan el hermetismo propio de la iglesia.
Como siempre, la cuestión técnica es el tornillo flojo del engranaje que arma Smith; pero está muy bien compensado con un elenco de actores soñados (y comprometidos) y con la pluma propia del escritor.
Nada debería estar librado al azar si se plantea hacer una comedia que abarque una temática tan sensible como lo es el catolicismo, y en Dogma no se falla en eso: más allá de los –esperados- diálogos plagados de insultos e ingenio y de los personajes que asombran por su elocuencia, vamos presenciando una historia que aunque a simple vista no lo parezca, tiene mucho sentido. Y esto es porque Smith no toma una postura irreverente, si no que hace una película crítica desde la visión de un católico, que se cuestiona su religión y se pregunta con amor. Con amor y humor.
En Dogma se ven expuestos muchos de los interrogantes que surgen al querer racionalizar “La Biblia” y los personajes intentan dilucidarlos representando de alguna manera a la inmensa cantidad de feligreses que ya no aceptan el hermetismo propio de la iglesia.
Como siempre, la cuestión técnica es el tornillo flojo del engranaje que arma Smith; pero está muy bien compensado con un elenco de actores soñados (y comprometidos) y con la pluma propia del escritor.
Dogma es
una película única, que no sólo entretiene si no que divierte y emociona aún
estando repleta de cuestionamientos que habrán dejado en vilo varias noches a
más de uno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario