Días de vinilo / 2012 / Gabriel Nesci
Si esta película fuese un vinilo, al escucharlo notaríamos su falta de sorpresa, su condición de producto con escasa personalidad. Esta comedia romántica ambientada en Buenos Aires y dirigida por Gabriel Nesci (Todos contra Juan) narra la vida de cuatro amigos de toda la vida –treintañeros ellos- cuya relación se apoya en estos tópicos: música, amistad, mujeres y la nostalgia por todo tiempo pasado.
Damián (Gastón Pauls) es guionista. Olvida su único guión en un videoclub de
barrio. Vera (Inés Efrón) lo encuentra por accidente y al contactar a Damián
para devolvérselo cambiará su rutinaria vida por completo.
Facundo (Rafael Spregelburd) es compositor de jingles. Está a punto de contraer
matrimonio, a la vez que es seducido por la ex novia de su amigo Luciano. Situación
que lo obligará a replantear su relación y los valores de la amistad.
Luciano (Fernán Mirás) es conductor de un programa de radio. Su ex-novia Lila (Emilia Attias), compone un tema que desnudará y hará públicos sus defectos. La alta repercusión del mismo generará en Luciano la pérdida de audición.
Luciano (Fernán Mirás) es conductor de un programa de radio. Su ex-novia Lila (Emilia Attias), compone un tema que desnudará y hará públicos sus defectos. La alta repercusión del mismo generará en Luciano la pérdida de audición.
Marcelo (Ignacio Toselli) es líder de una banda tributo a Los Beatles. Si bien
la misma (en clara alusión al efecto Yoko Ono sobre los de Liverpool) ha
acordado no tener novias, Marcelo se enamorará de una chica colombiana recién
arribada a la Argentina.
¿Dónde hace aguas la película? En supuestos guiños y situaciones que pretenden
ser inteligentes o graciosas pero que se tornan previsibles, poco creíbles, sumado
a actuaciones poco convincentes. Algunos ejemplos: la banda de Marcelo, llamada
The Hitles, es presentada en los
shows como The Hitlers, “gag” que se repite en más de una ocasión.
La novia colombiana de Marcelo, presenta rasgos marcadamente orientales, solución
bastante burda y literal para remitir a Yoko Ono. Luciano, víctima de la
sordera, grita en forma desmesurada cada vez que habla (¿nadie reparó en que
los demás sí escuchan y no debe levantar la voz todo el tiempo?).
Esto, sumado a un ritmo de narración que presenta baches y situaciones que van
perdiendo frescura, decanta en un film que se queda a mitad de camino entre la
idea inicial y el resultado final. Si esta película fuese un vinilo raramente
resistiría una segunda escucha.

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