domingo, 14 de abril de 2013

INDIANA JONES: Los Cazadores del Arca Perdida (por Juan Trainier, Turno Mañana)




No recuerdo dónde o cuando ví por primera vez Indiana Jones, pero la tengo grabada en la memoria, desde antes de nacer, es como si fuera información genética que uno ya carga sin saberlo. Supongo que es algo que nos pasa a todos, referencias culturales que incorporamos de niños, nos marcan a fuego y determinan nuestro gusto a futuro.
Hay muchísimas cosas que me gustan de la película, para empezar, Harrison Ford: está insuperable, el carisma, y el sex appeal que desborda son magnéticos; Karen Allen, como Marion Ravenwood, interés romántico de Indiana, es sencillamente maravillosa; un poderoso personaje femenino, independiente y proactiva. Lanzándose a la acción a la par del protagonista, algo inédito en el género de aventuras, donde el rol femenino siempre estuvo relegado al del personaje a ser rescatado. También me gusta el gore solapado que Spielberg infiltra: muchas escenas están resueltas de forma cruenta y explícita (Alfred Molina en el inicio termina con una flecha en la cara, una pelea entre Indiana y un nazi termina con este último despedazado por las hélices de un avión, los nazis al abrir el arca son despellejados vivos, y así).
Y, finalmente, el momento más inquietante, a la vez que el gran chiste final, es el último plano de la película, cuando el arca, ya recuperada y cerrada, va a parar a un almacén del gobierno de los EEUU, archivada y olvidada junto a vaya uno a saber cuántos tesoros más. Como si Spielberg nos dijera que hemos pasado un gran momento, que nos hemos divertido, pero que, como el arca, lo guardemos en una caja y sigamos adelante.

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