lunes, 15 de abril de 2013

En Contra: Colisión de Mundos (Juan Tranier, Turno Mañana)




Las Aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio
The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011, 107’, USA
Dir. Steven Spielberg



La creación de George Remi (alias Hergé) Tintín, pertenece a otra época, a otro mundo, a otra forma de entender al entretenimiento y el arte de la narrativa. A un mundo más “clásico” si se quiere. Donde la parsimonia es central, entendiendo a la parsimonia como aquella cualidad que está asociada a la templanza, al equilibrio y a la moderación.

Inevitablemente, Steven Spielberg y su troupe (entre ellos Peter Jackson en la producción y el batallón de guionistas Edgar Wrigt, Joe Cornish y Steven Moffat: todos monstruos) forman parte de un mundo más “moderno”. Un mundo donde parecieran entender que vértigo es sinónimo de velocidad, que dinámica es atropello y que la sumatoria de las partes da por resultado un producto acabado y divertido. Y si, tal vez haya algo de verdad en esto, pero también da una obra fría y olvidable.

El bombardeo de imágenes y el ritmo frenético de la película crean una ilusión, una fantasía, y literalmente estamos viendo eso, solo eso, la superficie, no hay nada detrás. Supongo que justamente por esta razón es que el motion-capture funciona ideológicamente aquí: porque no estamos viendo gente de verdad, estamos viendo un símil gente, parecen reales pero no, ahí están esos ojos fríos y sin vida para demostrarlo. El motion-capture es una técnica destinada a ser olvidada, no tiene razón de ser la idea de recrear digitalmente algo real (habrán visto los horrorosos experimentos de Robert Zemeckis, Beowulf y El Expreso Polar). Pero salvando ese “acierto” (aunque no sé qué tan consciente fue esa decisión o si fue un capricho para insuflarle vida a esta técnica moribunda), Spielberg no da pie con bola y lo único que hace en el film es una escalada de espectacularidad vacía (aunque, nobleza obliga, el plano secuencia final es impresionante), llegando a ese ridículo clímax donde ¡dos grúas! se baten a duelo. Tampoco parece terminar de entender la naturaleza y la esencia de Tintín, lo filma como si fuera Indiana Jones, lo cual es entendible, ya que ambos comparten mundos similares pero, indefectiblemente, son diferentes conceptualmente. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario