Vanilla Sky, 2001, 136, USA
Dir.: Cameron Crowe
Vanilla
Sky de Cameron
Crowe es una remake. Hay dos caminos que tomar a la hora
de embarcarse en este tipo de proyectos. O se genera algo totalmente nuevo o se
pierde en la imitación. Aún así, una simple renovación de los personajes y otro
detallito cambiado aquí o allá puede terminar en un desastre total. Y Vanilla Sky es ese caso.
Abre
tus Ojos de Alejandro Amenabar es una película
hispano-franco-italiana de 1997, protagonizada por Eduardo
Noriega y Penélope Cruz. En ella se cuenta la
historia de César,
un chico guapo y rico al que le gustan mucho las mujeres pero muy poco el
compromiso. Sin embargo en la fiesta de su cumpleaños se enamora de Sofía. Pero
una antigua amante de César, movida por los celos, provoca un accidente de
coche en el que ella fallece y César queda completamente desfigurado. A partir
de ese momento su vida cambia por completo, convirtiéndose en una horrible
pesadilla.
En Abre los Ojos, la
trama, las interpretaciones y la música (compuesta también por Amenábar) crean
una atmésfera que, en todo momento, armoniza con la historia con tono de
intriga, una dosis de romance y un toque de drama hasta ese desconcertante final
de ciencia ficción. En Vanilla Sky, utilizando los mismos
diálogos absolutamente calcados, se prescinde de todo lo mencionado en la
anterior. En la versión de Crowe, esta tragedia romántica se endulza hasta el
empalago, expulsando toda credibilidad como si en el universo personal de Tom
Cruise no pudiera existir la tristeza del desamor. La intriga,
protagonista de la obra española, brilla por su ausencia y es suplantada por
una versión que en ciertos momentos se asemeja más a la comedia. E incluso el
personaje de Penélope Cruz (Sofía), siendo
el mismo en ambas cintas y repitiendo casi los mismos diálogos, se ve
completamente diferente en las dos versiones. Ni si quiera una de las escenas
más recordadas de Abre los Ojos conserva todo el
encanto de la escena original. Aquella Gran Vía vacía es desfigurada en su
versión americana, con esa Quinta Avenida neoyorkina llena de luces y con un
Cruise (estereotipo del orgullo yanqui) levantando los brazos al cielo.
Las
escenas más intrigantes de Abre
los Ojos pierden todo su encanto en el remake, convirtiendo a Vanilla Sky en el ejemplo de lo que pasa
cuando ese monstruo llamado Hollywood toma lo que no le pertenece.

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