Max
Fischer (Jason Schwartzman), resuelve el problema de geometría más difícil del
mundo. Es elogiado por sus compañeros, que en hombros lo alzan y en coro gritan
su nombre. Luego, despierta en la primera fila de la capilla del secundario
Rushmore, en el cual es becado. A su lado, su secuaz (porque todo superhéroe
necesita un secuaz), al menos 4 años menor que él y 3 cabezas más bajo.
Rushmore es el segundo largometraje dirigido
por Anderson y escrito con colaboración de Owen Wilson, excompañero de facultad
y uno de sus tantos actores fetiche.
No cabe
duda alguna, que este film marca un punto de partida, o de origen, a la muy
estilizada obra de Wes Anderson, con caras recurrentes, canciones de los Rolling Stones y problemas familiares.
Un universo posible de ver sólo a 48 cuadros por segundo y a través de un lente
angular.
La
película, nos presenta a un chico cuya visión del mundo y él mismo no es
congruente con su clase social, entorno, intelecto o edad. Expectativas, sólo
proporcionales a su inmensa personalidad. Carisma que logra afectar de manera
decisiva la solitaria y destruida vida de Mr. Blume, un empresario millonario
(en una gran interpretación de Bill Murray) y llenar por completo un teatro.
Sin
embargo, a pesar de todo esto, salva el latín y obtiene a la chica.

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